miércoles, 12 de octubre de 2011

Animal





Es ese momento en que la racionalidad, el sentido común, la cultura y la cordura sucumben ante el insoslayable movimiento de los cuerpos y el fluir de las hormonas en la sangre. Las palabras ya han quedado de lado y ahora son las lenguas las que mantienen su frenético diálogo, al tiempo que las manos recorren la piel del otro en libertad, sabiendo que la ropa hace tiempo dejó de estorbar. Entonces las caricias se hacen cada vez más urgentes y los labios se lamen, se muerden y se conquistan. La pija está erecta y la concha está mojada. Los dedos se encuentran con los pechos y la boca marcha presta a saborear esas tetas incitantes. Ella encuentra una verga dura y expectante, dispuesta a hundirse en sus profundidades, pero aún no. Primero es tiempo de sentir su sabor, de llenarla de saliva para lubricarla, de meterla hasta la garganta. Él a su vez busca la vulva para degustar su humedad, para morder suavemente y no tanto esos labios jugosos que llaman a su deseo. Ella se retuerce de placer y siente con fuerza cada latido en su sexo mientras deja salir suaves gemidos. Finalmente él no resiste más la urgencia de su miembro, la pone decúbito dorsal, se coloca sobre ella y la penetra con fuerza. Ella suelta un grito, tan sólo el primero. Él la toma con fuerza de las caderas mientras bombea una y otra vez en su interior. Ella siente cómo la sangre se acumula en su vagina anticipando el orgasmo inminente.

Él siente el semen acumularse en su verga enhiesta dispuesto a llenar las cavidades de ella. Entonces ambos se miran y finalmente estallan, al unísono, en un mismo climax compartido, en un sólo grito a coro, en un alarido final que anula todo rastro de cultura y de conciencia y convierte aquello que algunos llaman "amor" en el festival de instintos que siempre fue.
 

Trippin'


I

- ¿Y si vamos a los bosques de Palermo?- me pregunta, casi desafiante. Lo miro.
- Me querés llevar a ver trabas. - giro la cabeza hacia la ventanilla, sin dejar de tocar mi pezón derecho, al aire, vamos por la General Paz. Son las diez de la noche, y voy chupándole la pija de a ratos mientras maneja el taxi. Sonrío. - Dale, vamos... pero, se puede coger ahí?-
- Los trabas cogen ahí.- me quedo callada, prendo un cigarrillo, y por un rato sólo me concentro en mi mano, que rodea su pija dura como una piedra, en mi vulva húmeda, ardiendo bajo la yema de mis dedos.

II

Las primeras veces son geniales. Nunca había ido a ver los trabas de Palermo, y la verdad me impresioné un poco. Ellos también; supongo que no debe ser común ver una mujer por esos lugares. Después de un par de vueltas, todo se resumió en "ya fue, gordo, vamos a coger". Paró el auto, y recliné el asiento. Estábamos los dos pasados de calentura de tanto manoseo previo. Una vez que acomodamos el asiento, llegó el momento de la sinceridad:
- ¿Y cómo hacemos? - me pregunta - nunca cogí en un auto - Okey, eso fue sorpresivo. Lo miro.
- Yo sí. Vení encima mío-
- Pero no entro - tiene razón. El auto no tiene vidrios polarizados, o sea que si voy yo arriba todo el que pase me va a ver el culo... saco sólo una pierna del pantalón y la bombacha.
- Yo voy arriba, pasate de asiento -
Se pasa y lo monto, siento cómo me abre con su pija, cómo me voy mojando mientras él me besa y me agarra las tetas. Siento la excitación de los dos, lo poquito que falta para acabar, miro por la ventanilla
- Boludo, viene gente. - En cinco segundos él se pasó de asiento al tiempo que yo me vestía con una mano y enderezaba los asientos con la otra. Salimos de ese lugar en pleno ataque de risa. Cuarenta metros más adelante, me mira y se sorprende
- ¿Ya te vestiste?
- Si, nene. Años de sexo adolescente.
- ¿Querés volver a entrar?-
- Quiero que me cojas
-Vamos al departamento, entonces.
Me quedo callada un rato. Vamos por libertador, y las hormonas en mi sangre me hacen imaginar cien mil cosas. Digo una.
- Es una cagada que seas mi pija- sonríe, extrañado
- ¿Por qué?
- Porque me encantaría verte coger un traba
- Dicho así, sí. Es una cagada

III

Llegamos y entre beso y beso quedamos delante del espejo. Me apoya contra mi reflejo, y me coge, así como estamos. Estoy mojada, ok, pero no tanto. Me duele un poco, pero eso me excita más. Del espejo a la cama, arrancándonos la ropa y en seguida estoy abajo suyo, él cogiéndome como si fuera la última vez... o la primera. Como volviendo a explicarme que es él mi macho, que voy a ser su puta siempre porque nadie me va a tener de esa manera; entera.
El orgasmo es inminente, y a mis gritos se suma el gemido de él, su cara de enfermito mental, su semen, viajando, eternamente viajando, adentro mío.

domingo, 2 de octubre de 2011

Esposada


No pretendo que entiendan lo que voy a relatar a continuación. Tal vez el punto más intenso en todo esto es la psiquis humana, la forma en que se puede abrir completamente cuando el entorno es el adecuado. No es fácil, aunque sí recomendable.
Besándonos. Mi chico y yo semidesnudos, noche de martes. Él está cansadísimo; trabajó doce horas, y al día siguiente lo esperan otras doce. Tenemos que hablar de algunas cosas, pero la charla quedó parcialmente relegada ya que estamos en ese momento de necesidad de labios, y movimiento de pieles, de empezar a dibujar ese mundo compartido. Nos tocamos de a poco, redescubriéndonos. Acaricio su pecho, su abdomen, su ingle, me acerco a su dureza pero no la toco. Él roza mis pezones a través del corpiño, retrocede, lo desabrocha, y lo miro. Ya no soy yo. Ni él es él. Me subo y empiezo a balancearme, despacio.
-Sos un hijo de puta – sonríe, perverso – hace diez meses que quiero sacarme la calentura que tengo con vos, y no puedo. ¿Por qué me calentás tanto?
- No sé, puta. Movete y dejá de hablar – el juego está en marcha, sonrío.
- ¿Hoy me vas a hacer el culo? O te lo hago a vos. – Se ríe
- Puta, te encanta que te rompa el culo, ¿no? – desearía meterlo entero adentro mío.
- Si, forro. Me encantás, me encanta tu verga en mi culo.
Siento cómo me estoy preparando para él, y sé que en dos minutos más voy a caminar una vez más por esa línea que separa el placer del dolor. Entonces saco su pija de adentro mío, solamente para meterla en otro lugar, no sin antes chupársela. Intento hacerlo con suavidad, pero en este punto somos dos animales. Él me agarra de la cadera y hace presión.
- Me duele. Esperá que me duele.
- Si te encanta, puta - no para, y me gusta. En verdad me gusta que no pare, que disfrute de mi dolor tanto como yo.
- Y decime, hijo de puta, ¿qué me harías? Te encanta someterme, ¿no? Te encanta que sea tu puta… y a mí me encanta tu verga.
- Te voy a poner en cuatro, con las manos esposadas en la espalda, amordazada, la cara contra la cama. Y te voy a coger un rato por el culo, mientras dos putas me besan y me manosean, una de cada lado. No te voy a dejar acabar, no.
- ¿Cómo que no, forro?
- No, tal vez en tu fantasía sí acabes… pero esta es mía, y no te dejo. Te dejo toda la leche adentro, vos sentís el líquido caliente llenándote, y sin desatarte te doy vuelta, para que veas cómo manoseo a las dos putas, y cómo se tocan entre ellas, una tiene las tetas grandes, como me gustan a mi, la otra con tetas más chicas, como te gustan a vos.
- ¿Y no me hacen nada? – me cuesta mucho hablar, casi no tengo aire. Sé que estoy a menos de tres segundos de acabar, las imágenes que está tirando en mi cabeza son demasiado intensas, y su voz casi susurrada, y el movimiento acompasado, en sincronía perfecta…
- No, no te hacen nada. Aunque si te portás bien por ahí dejo que te la chupen mientras se besan entre ellas…
 Y acabo. Acabo y lo puteo en todos los idiomas posibles. La cama se va a romper, seguro. Le susurro al oído cómo voy a chupar tetas delante de él, mientras aprieto y suelto su verga con mi ano, y siento como crece hasta hacerme doler y venirme a la vez. Siento su eyaculación desde la base de su pija hasta el fondo de mi culo, me derrito.
- ¿Te gustó, puta?
- Si, forro
- Entonces prendeme un pucho
- Cuando vuelva del baño
Fumamos con pocas palabras y algunos mimos, abrazados. Cinco minutos después, somos un enredo de brazos, piernas y labios descansando.
Besándonos, hasta en el sueño. 

sábado, 10 de septiembre de 2011

Beatle

Sábado a la noche. Volvimos con los nenes (los hijos de mi chico; 4 y 10 años), cansadísimos, cenamos y se acostaron a dormir. El monoambiente reduce cualquier tipo de contacto físico al 0%. Eventualmente una mano en el hombro, o una caricia descuidada, pero nada más. Y todo el día juntos, moría por llevarme su verga a la boca. Cuando finalmente se durmieron, nos escapamos a la terraza. Prendí un cigarrillo, y hablamos lo que duró ese pucho. La noche era cálida, y él tan cerca. Nos besamos despacio, redescubriendo nuestras bocas, recorriendo los dientes, paladares y labios con nuestras lenguas, ávidas del otro, de contener, y retener, la esencia de nuestra calentura. Se paró delante mío, bajé el short que tenía puesto y puse toda su erección en mi boca. Despacio. Lamer cada centímetro de su tronco, paladear la cabeza, presionando apenas con mi piercing (por algo me lo hice), sentir como estaba a punto de estallar, mientras acariciaba sus glúteos. Él me agarró de la mano, levantándome y girándome en el mismo acto. Apoyé las palmas en la pared, mientras pensaba que el edificio tiene sólo 8 pisos, es un enano rodeado de monstruosidades de no menos de 15, y cualquiera podría vernos. Ese tipo de adrenalina es genial. Recordé entonces cuando trabajábamos juntos y solíamos ir a las escaleras (el único lugar sin cámaras) para coger en el break de 15 minutos. Pero esto era definitivamente distinto. Sentía la penetración, mis manos en la pared, su respiración en mi oído, su mano derecha en mi clítoris, la izquierda buscando abrirse camino en mi culito, escuchaba los escasos autos que pasaban por la avenida, a diez metros de mi desnudez, la brisa que erizaba apenas mis pezones. Y tuve que contener el grito que saldría para liberar externamente la explosión que sentía por dentro.
Fue entonces que salió de mi humedad para entrar en mi culo, para volver a mostrarme que el orgasmo anal es una suerte de "happy hour cumming". Mucho mas intenso y total. Me soltó para llevarme al borde de la terraza, sentarme en la pared, y seguir cogiéndome por atrás, pero de frente. Clavé mis uñas en su espalda, mientras él mordía mis hombros. Estábamos completamente excitados, y ya no importaba si estábamos dando el show del año en el barrio, o si me caía al vacío; al contrario, eso era agrandar el combo. Escucho su apenas perceptible cambio de respiración, siento endurecer todavía más su verga (casi me duele), veo ese brillo tan particular en sus ojos, y lo sé. Va a venirse en sincronía con mi orgasmo sin número (contarlos me desconcentra). Se tensa su cuello entero y siento su leche salir de él para entrar en mi. Bajamos y nos turnamos en la ducha. Nos acostamos en seguida y en camas separadas; mañana tengo que levantarme temprano y hacer el desayuno para los cuatro.  
Hacía mucho que no teníamos sexo anal; lo extrañaba. Fue apropiado el regreso en la terraza.

viernes, 26 de agosto de 2011

Out of breathe

¿Qué es hacer el amor?
Ternura? Cariño? Puede ser... supongo que siempre dudé de estos conceptos, mas que nada porque cuando cojo, no me da pensar "qué mirada tan dulce", sino más bien "tocame las tetas".
Mi babe y yo tuvimos una sesión de sexo bastante sacada hoy. Empezó conmigo haciéndole mimos porque estaba medio bajón, con serias intenciones de relajarlo para que duerma, o para hacerle unos masajes que anda necesitando, y le hago cada vez que surge. Caricia va, mimo viene, me calenté como la zorra que soy, pero bueno, quería darle placer mas que recibirlo. Entonces, empecé a jugar con mi boca alrededor de su pija, besando apenas sus testículos, su pelvis, sus rincones. De a poco, y como sin querer, fui llegando hasta su culito, con el firme propósito de que mi dedo excursione hacia su interior. Fui entrando en él muy despacio, y empecé a acariciar su punto P. Hubieron cambios de ritmo, lo besé en la boca, el cuello, los testículos, chupé su sexo. Cuando él lo pidió, me retiré con sutileza, y empecé a tocarme. Me subí a su pija, que parecía a punto de estallar por su dureza, y enseguida llegué al orgasmo.
En ese momento, agarré su mano y la llevé a mi cuello. No hizo falta pedirle nada, él entiende mis tiempos, mis cambios de ritmo, mis perversiones y tendencias sado-masoquistas. Y apretó. Apretó hasta dejarme sin aire, hasta que me puse colorada... pero yo apenas lo noté. El tercer orgasmo se comprimía adentro mío e irrigaba con placer cada célula. Toqué apenas su brazo, y él cedió. Seguí con un movimiento frenético, hamacándome sobre su dureza,  lo sentí acabar, darme todo su placer, llenarme con su semen caliente.
Me recosté a su lado, entrelazándonos en ese abrazo que confunde los cuerpos, los fusiona.
-Hay que hacerlo de nuevo, me re gustó- le digo. Él me mira preocupado. - ¿A vos no?
-No quiero volver a hacerlo. Te puedo lastimar
-Entonces no lo hacemos más, babe
Nos besamos, con ternura, y él se duerme casi en seguida. Yo no. Me arde la garganta, en parte por los gemidos, en parte por la presión... estoy llena de preguntas. ¿Qué tipo de perversión me llevó a eso, a disfrutar tanto la situación, a gozar de esa manera la asfixia, la posibilidad de que me mate la persona que amo, el hombre que mejor me cogió en mi vida? Y me doy cuenta que hicimos el amor, una vez más. Porque es esa entrega, esa confianza lo que nos permite volar, caminar por esa línea increíblemente delgada, que se desdibuja por momentos, y separa el placer del dolor.
Su amor me saca el aliento.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Ella

Siete de diciembre. Salgo con mis amigos gays a un boliche del centro, a cagarnos de risa y pasarla bien. En algún momento me dicen que va a venir ella, y me pongo un poco nerviosa, pero sé que esa noche va a ser mía.
Dos o tres tequilas, un par de frizzè, y algún trago después, la encaro en la pista de baile. "Te quiero dar un beso" le digo. Ella se sonroja, no sabe qué hacer. Dice que no sabe que hacer, pero es una zorra y lo sé. Después de un rato, voy al baño, y ella me sigue. Las dos estamos en el mismo grupo de amigos, así que no es conveniente que nos vean a los besos. Ella es bisexual, mas tirando a lesbiana; yo, rabiosamente hetero. Bueno, no tanto, pero mi imagen es esa. Hablamos un rato en el baño, ella me pregunta por mi ex... necesita alguna mentira, algo que le anuncie que tiene futuro conmigo, y yo le sonrío, y voy diciendo lo que sé que quiere escuchar mientras le miro la boca de vez en cuando. Me presto al juego, sé que mostré mis cartas, y la decisión es de ella. Me llena las pelotas tener que chamuyarla, estoy acostumbrada a cazar hombres, que son mucho más fáciles, además de saber que ella no es ninguna santa. En ningún momento doy todo por perdido, porque le voy tomando el pulso. Finjo retroceder, finjo haberme equivocado. Ella me hace prometer que no voy a poner la borrachera como excusa (y de hecho, no planeo hacerlo, es demasiado idiota esa salida), que vamos a seguir hablándonos. Ya estoy harta de escuchar sus pelotudeces, así que juego a que salgo del baño. Ella me detiene, se acerca a mi, y me besa. Estamos frente al espejo, y siento su lengua moviéndose en mi boca, con la dulzura de una mujer. Siento mi humedad, y ese calor tan conocido, siento deseo por ella, quisiera desnudarla allí mismo y lamer cada centímetro de su piel.
Despacio, acaricio su espalda, su cintura, sin apurar. Sé que en dos minutos voy a estar pelliscando suavecito sus pezones, así que la dejo fluír. Dejo que se llene con mi beso, muevo la lengua despacio para no lastimarla con mi arito, siento la presión de su cadera contra la mía, y empiezo a acariciar sus pechos desde afuera, como quien no quiere la cosa. La onda es dejarla caliente para que ella solita me venga a buscar después, pero necesito tocarla. Decido que no voy a bajar la mano, que solamente voy a memorizar sus pechos mediante el tacto. Y los voy acariciando hasta tenerlos completamente en mis manos, los presiono apenas, los toco como si fueran míos, porque en ese momento lo son. La sigo besando, varío con algún pico y beso su mentón y su cuello. Hasta que me aburro. Me aburro de la pelotudez, de no tener su clítoris entre mis labios, y le digo: "Paremos porque te cojo acá". Ella está perturbada, y me da un beso más antes de salir del baño.
Yo la miro salir y decido que la próxima vez no le voy a avisar.

sábado, 6 de agosto de 2011

Toy

- Sos una máquina, podés estar cogiendo todo el día... no? - me dice, sonriente
- Ayer estuve todo el día cogiendo- adiós sonrisa... me mira como si le hubiese pegado. Por favor. Vinimos a coger o a hacernos arrumacos?? pongo cara de póker y lo beso... qué más puedo hacer? Le hablé como se le habla a un chonguito y el pelotudo se sintió intimidado. El miedo en ese momento no pasa por herir susceptibilidades, sino porque no se le vuelva a parar. Sonrío siete grados mientras lo beso, lo miro tierna-tímida, le digo "Sos muy lindo" en el oído, casi susurrando, y él se afloja. A esa altura de la tarde ya entendí que si lo cojo como suelo hacer con mi amorcito, lo mato. Hasta ahí regulé a media potencia, o un poco más, y lo volví loco. Qué mal que coge la gente, y no lo digo de agrandada o porque me considere una máquina, ni nada, pero, en serio, qué mal.
El flaco me calienta. Es bonito, alto, tiene apenas pancita, y es divertido a la hora de coger, esto último cuenta como virtud y defecto; en un momento estaba mirándolo por el espejo, al mejor estilo pornstar, y él me mira, levanta la mano izquierda y me hace fuck you. Adiós libido.
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Quedamos en encontrarnos a la una en una estación del eléctrico. Le avisé por texto que iba a llegar quince minutos tarde. La verdad, me atrasé, pero siempre llego tarde a las citas; genero suspenso y me hago desear. A veces me sorprende la frialdad con la que puedo manejar este tipo de cosas. Él estaba tan ansioso que nos tomamos un remis por cinco cuadras. Entramos, él abrió la puerta y me dejó pasar. Me dí cuenta entonces que los hombres siempre hacen eso antes de entrar al telo, al menos cuando no soy yo la que abre la puerta de toque. "Tranquila, despacio... generale curiosidad, ganas de partirte. Es tuyo, tu juguete. Evitá el contacto físico hasta llegar a la habitación, desorientalo, que tenga hambre" me decía a mí misma. Antes de subir al ascensor me dijo que le gustaban mis pantalones... yo tiré risita nerviosa.
Entramos, y él se acercó todo tierno (?) y me empezó a besar. Lo dejé en cueros, y lo acaricié. De a poco nos fuimos desnudando... menos las medias. Me había llevado un par de mi gordo. La música en la habitación me hacía pensar que estaba en una peli de Spielberg, pero buena onda que no estaba la radio; me distrae mucho. Entonces, estaba acostada en la cama casi completamente desnuda, con él descubriendo mis pliegues con su lengua. Bien el pibe. Al momento de retribuírlo, me encontré con un cuerpo extraño en la boca. Era cerrar los ojos y que aparezca mi gordito, pero no lo suficiente como para hacerle a mi toy las cosas que sí le hago a él.
Mas o menos cuarenta y cinco minutos duró el primer round, y el flaco no acabó. Me dí cuenta que quería fumar, que ya me había aburrido de ver tanta fascinación por cosas que no eran fascinantes. Que me estaba divirtiendo físicamente, pero al mismo tiempo estaba a kilómetros de mi. Sí, cogimos. Sí, el flaco andaba bien... un 6 o 7. Acabé, y la verdad no me importó que él no haya llegado. Y sí, seguramente voy a volver a estar con algún otro, no por ahora.
Mi amor me llamó a las seis, como habíamos quedado. Cuando llegó del trabajo, le conté lo que había hecho con el otro, completamente libre... completamente yo. Saber que todo mi sexo le pertenece, incluso mientras estaba en el telo en cuatro con otro diciéndome "tomá" y mirándome a traves del espejo. Porque soy suya, le pertenezco hasta los huesos. Mientras le contaba me dí cuenta que me calenté mucho más por saber que después se lo iba a contar que por estar cogiendo con otro.
Él es mi hombre. Los demás, juguetes.

miércoles, 20 de julio de 2011

Confianza ciega

- Cogeme con la lengua- me dice. Recién salimos de la ducha, y estoy jugando con mi lengua en su culito. Es la primera vez que hago esto en mi vida, a pesar que muchos me pidieron eso, ninguno fue lo suficientemente hombre como para que yo acceda. Tenía miedo de cambiarlos de equipo sin querer. Ahora, con el acostado vibrando de placer mientras hurgo con respeto pero con decisión, agradezco ser tan abierta de mente, y que él también lo sea. Despacio, y después de lubricarlo bien, meto un dedo. Él se estremece. Siento la humedad y la temperatura de su interior, siento como sus músculos ceden ante mi visita. Empiezo a mover el dedo de a poco, mansturbándolo de la misma forma que lo hago conmigo, y al verlo arquear apenas la espalda me lleno de placer. Por un segundo pierdo noción; mientras lo cojo con mi dedo y muevo rítmicamente mi pelvis contra su rodilla siento que me estoy cogiendo a mi. Él me devuelve a la realidad con un:
- ¿Qué? ¿Te pensás que soy puto?- me desconcierta. Lo miro, seria. Sigo chupando su sexo, que está bastante duro, mientras sonrío. Él no me ve, mi pelo y la poca luz me ocultan. Levanto la cabeza para mirarlo, es un homenaje al placer verlo así.
- No, mi amor. Sé que no lo sos.
Me pide que baje el ritmo, que le duele. Trato de contenerme, sé que la situación me excita a mas no poder, y también que no puedo seguir si él no lo está disfrutando. Quiero devolverle todo ese placer anal que él suele darme, así que me acomodo y empiezo a hacer sentadillas, galopándolo sin sacar mi dedo de su culo. Si, a veces hago acrobacias.
Un poco después, me bajo y él me expulsa, diciéndome que fue rarísimo. Me monto en él y lo cabalgo con ganas, como la enfermita sexual que soy. Me estoy calentando muy rápido, mientras le pregunto si le va a gustar ir al boliche swinger conmigo (la cita es la semana que viene), y entramos en ese espiral de calentura incomprensible para la mayoría de la gente. Hasta que él me avisa:
- Me vengo!
- Venite, gordo, yo también
- Vamos entonces!
Y explotamos juntos, y siento como su verga se agranda y eyacula adentro mío, mientras toda mi pelvis enloquece y acabo como sólo él puede hacerme acabar. Después, un cigarrillo para cada uno, y la charla:
- Te gustó lo que te hice?
- Si, fue raro, qué se yo
- Pero, gordo, ya te habían hecho esto antes, no?
- Si, pero es diferente. Las veces anteriores siempre me metían el dedo con timidez, y lo dejaban ahí, quieto... Vos me cogiste.
- Ah, entonces antes te cogieron con el dedo muerto- nos reímos con ganas - Y sí, gor, qué pensaste? Que te iba a dejar el dedito así nomás? No, nene
-Lo que pasa es que no tenés experiencia en hacer culos.
-Te toqué como me toco a mi
-No es lo mismo- Y no, no es lo mismo, pero ya voy a aprender.
Nos abrazamos y dormimos. La próxima van a ser dos.

lunes, 18 de julio de 2011

Casi

Tenía 15 años, y después de mucho tiempo de vernos a escondidas de nuestros compañeros de secundaria, me invitó a su casa. Hacía calor, supongo que sería noviembre o diciembre, y estábamos en su cuarto. En ese entonces yo no fumaba ni me gustaba la cerveza. Nos acostamos en su cama a besarnos y acariciarnos, el sexo era algo que desconocíamos, pero la virginidad empezaba a molestarlo. A mi también en realidad, pero me daba miedo el cómo sería y no saber qué hacer, si le gustaría mi cuerpo, si me gustaría él, temores propios de la edad.
Entonces empezó a acariciarme por abajo de la remera, sus manos en mi piel, y nunca nadie había pasado hasta ahí. Estaba muerta de miedo pero llena de curiosidad. Quería dejarlo pasar, y al mismo tiempo no sabía si todo eso era por él o por mi, si estaba bien o mal. Buscó mis pechos y los acarició con paciencia, descubriéndolos, convenciéndome de a poco. Lo besaba con ternura y sed, sed de un poco más de su lengua. El límite se desdibujó y sentí que quería que me bautice, que rompa su botella contra mi barco.
Me sacó la remera, el corpiño, me miró. Yo veía el deseo ganando su mirada, su piel con olor a macho y Axe, apenas brillosa por la transpiración del verano y los ochenta grados que hacían en su cuarto. Sentía sus músculos ceder apenas a la presión de mis manos y cerré los ojos para poder retener su aroma, su respiración, su mano en mis pezones, su otra mano rozándo mi vulva a través de la bombacha. Entonces me miró y me preguntó "¿Querés seguir?", obligándome a volver a mi, a mi ortografía perfecta, mi casa, el mejor promedio de la clase, mi responsabilidad para con la corrección, la perfección, el control. Y mi racionalidad en otra muestra de su estupidez. Me exigía que me hiciera cargo de lo que íbamos a hacer, y yo no podía porque en ese momento el sexo era algo sucio y prohibido, y yo mucho mas obediente que ahora. Entonces le dije que no, y él entendió. Con sus 15 años, sus ganas y la espectativa que se había generado él me abrazó, empezamos a hablar de cualquier cosa, y supe que tenía al lado a alguien que me cuidaría, que para él yo era más importante que sus impulsos. Mas tarde nos vestimos y fuimos juntos al cole.
Perdí la virginidad con él dos años después, pero eso ya es otra historia.

sábado, 16 de julio de 2011

Juego previo

-Y si no lo hago, ¿Qué me vas a hacer?- Lo desafío. La rebeldía que nunca lo fue a visitar está en su cama. Apenas tengo la ropa interior, las medias y una musculosa.
-Te puedo echar- Me río, tentada
-¿Vos me vas a echar?- Me sigo riendo, para provocarlo, porque sé que lo va a hacer, pero a veces me olvido que pesa casi treinta kilos más que yo.
Entonces me agarra, y yo empiezo a retorcerme, me trabo en el respaldo de la cama, le pido que me suelte, y él me sigue tironeando, me agarra de los pelos, y estoy tan llena de adrenalina, tan excitada que me asusta un poco. Tengo que ceder, porque puedo soportar el dolor, pero me va a lastimar feo y después voy a tener que dar explicaciones, lo van a ir a buscar y a cagar a trompadas. Me lleva hasta la puerta, me pongo de frente a él y apoyo el culo, en las piernas tengo la fuerza de años de natación más una temporada de pilates y localizada.
-Ah es tu culo que no me deja abrir la puerta- me dice.
-Si, nene, no te voy a dejar- y sonrío soberbia. Sé que está tan excitado como yo. Sé que odia no tener control sobre mi. Mi cuerpo está agotado, y de no ser porque no es momento estaría temblando o sentada en el piso, por un segundo dudo si mis piernas van a ceder o me van a seguir obedeciendo.
-Vení, dale- me dice. Yo finjo creer que el juego terminó, pero conozco su ritmo y sus mañas, así como a veces le encanta sacarme la pija cuando le pido mas para después metérmela hasta el fondo de una sola vez, haciéndome sentir que me va a partir al medio, así me mira ahora. Los dos sabemos que no terminó, que me va a seguir presionando un poco más porque no nos damos tregua, necesitamos ese juego cada vez más enfermo, esa confianza que me llevó unas horas antes a dejar que me pase el cuchillo más afilado lentamente por el cuello mientras me hacía presión, que me apoye el lado contrario al filo y aprete, o que me ahorque hasta que empecé a pedir que me deje respirar por no tener mas aire. Y él para. Él sabe cuando parar, por eso puedo ser su zorra personal.
Me besa, despacio me va separando de la puerta, y en mi cabeza "Dejalo. Que él vea hasta dónde puede llegar. Que entienda que no perdió el control." Me dejo llevar, esperando el cambio de fase, que tarda menos de un minuto en llegar, entonces abre la puerta del departamento, y me empieza a empujar, yo trabo con el antebrazo derecho en el maro de la puerta (un huevito violeta indica exactamente qué parte de mi antebrazo, aunque en el momento ni me enteré), con el izquierdo en la puerta y le pido que pare. "Si gritás van a salir todos los vecinos y te van a ver en bolas" me susurra al oído. Entonces dejo de gritar. Casi en seguida me suelta. Cierro la puerta y me pongo el jean, mientras lo puteo. Él finge que no le importa, no dejo que me bese, y no sé cómo terminamos a los pies de la cama, con él agarrándome de los pelos y acercándome la cara mientras yo le digo
-Te pensás que voy a gritar, pelotudo? ¿Todavía no te enteraste que puedo separar bien el dolor físico de mi? Tengo experiencia
-Si, ya sé, pero ¿Eso es lo que querés?- Definitivamente no. Con él soy una unidad entera. Me quejo, y me suelta. Entonces nos besamos, y él me da vuelta y me coje contra el mueble, parados, mientras me agarra de la cadera. Empiezo a sentir el orgasmo subiendo, estoy a punto de acabar, y él me dice, resignado:
-Me vengo!
-Venite, hijo de puta, venite
Y zas! acabamos juntos. Nos separamos y nos miramos, extrañados, reconociéndonos.
-Acabamos juntos- Le digo, y él sonríe. Se aleja unos pasos, hay que terminar de limpiar.
-A vos te gustó tanto como a mi todo esto?- Levanta una ceja y no dice nada -¿Te das cuenta que somos dos enfermos?-
-Si
Pero está bien, hacía mucho que no teníamos previa.

lunes, 16 de mayo de 2011

Acabáramos

Acabar es casi un arte, arte que de a poco voy redescubriendo con mi actual pareja. Hoy me pasó algo raro. Estábamos en cucharita, yo atrás y lo tocaba con la zurda, mientras con la derecha le acariciaba la cabeza, cuando acabé. Él giró apenas la cabeza y me preguntó: ¿A quién estás tocando?
Y eso me pregunto ahora: ¿A quién estaba tocando?; supongo que él es mi pija.
So sweet.

domingo, 1 de mayo de 2011

Agustina

Hola! Soy Agustina y amo el sexo. No siempre fue así, aunque debo admitir que si bien la curiosidad mató al gato, a mi me impulsó a seguir buscando, y encontré tanto...
Este blog es un espacio en el cual voy a contar, mis experiencias sexuales, para compartir un poco ese mundo subterráneo del que no se habla porque, como buen tabú, sugerimos mucho y canchereamos, pero de eso "no se habla". Perversiones, fantasías, actos fallidos, decepciones, experiencias de todo tipo, satisfacciones. Este es un camino de autodescubrimiento, el que recorrí para ir armando de a pasitos mi identidad sexual.
Los invito a que pasen y vean.