Tenía 15 años, y después de mucho tiempo de vernos a escondidas de nuestros compañeros de secundaria, me invitó a su casa. Hacía calor, supongo que sería noviembre o diciembre, y estábamos en su cuarto. En ese entonces yo no fumaba ni me gustaba la cerveza. Nos acostamos en su cama a besarnos y acariciarnos, el sexo era algo que desconocíamos, pero la virginidad empezaba a molestarlo. A mi también en realidad, pero me daba miedo el cómo sería y no saber qué hacer, si le gustaría mi cuerpo, si me gustaría él, temores propios de la edad.
Entonces empezó a acariciarme por abajo de la remera, sus manos en mi piel, y nunca nadie había pasado hasta ahí. Estaba muerta de miedo pero llena de curiosidad. Quería dejarlo pasar, y al mismo tiempo no sabía si todo eso era por él o por mi, si estaba bien o mal. Buscó mis pechos y los acarició con paciencia, descubriéndolos, convenciéndome de a poco. Lo besaba con ternura y sed, sed de un poco más de su lengua. El límite se desdibujó y sentí que quería que me bautice, que rompa su botella contra mi barco.
Me sacó la remera, el corpiño, me miró. Yo veía el deseo ganando su mirada, su piel con olor a macho y Axe, apenas brillosa por la transpiración del verano y los ochenta grados que hacían en su cuarto. Sentía sus músculos ceder apenas a la presión de mis manos y cerré los ojos para poder retener su aroma, su respiración, su mano en mis pezones, su otra mano rozándo mi vulva a través de la bombacha. Entonces me miró y me preguntó "¿Querés seguir?", obligándome a volver a mi, a mi ortografía perfecta, mi casa, el mejor promedio de la clase, mi responsabilidad para con la corrección, la perfección, el control. Y mi racionalidad en otra muestra de su estupidez. Me exigía que me hiciera cargo de lo que íbamos a hacer, y yo no podía porque en ese momento el sexo era algo sucio y prohibido, y yo mucho mas obediente que ahora. Entonces le dije que no, y él entendió. Con sus 15 años, sus ganas y la espectativa que se había generado él me abrazó, empezamos a hablar de cualquier cosa, y supe que tenía al lado a alguien que me cuidaría, que para él yo era más importante que sus impulsos. Mas tarde nos vestimos y fuimos juntos al cole.
Perdí la virginidad con él dos años después, pero eso ya es otra historia.
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