miércoles, 12 de octubre de 2011
Trippin'
I
- ¿Y si vamos a los bosques de Palermo?- me pregunta, casi desafiante. Lo miro.
- Me querés llevar a ver trabas. - giro la cabeza hacia la ventanilla, sin dejar de tocar mi pezón derecho, al aire, vamos por la General Paz. Son las diez de la noche, y voy chupándole la pija de a ratos mientras maneja el taxi. Sonrío. - Dale, vamos... pero, se puede coger ahí?-
- Los trabas cogen ahí.- me quedo callada, prendo un cigarrillo, y por un rato sólo me concentro en mi mano, que rodea su pija dura como una piedra, en mi vulva húmeda, ardiendo bajo la yema de mis dedos.
II
Las primeras veces son geniales. Nunca había ido a ver los trabas de Palermo, y la verdad me impresioné un poco. Ellos también; supongo que no debe ser común ver una mujer por esos lugares. Después de un par de vueltas, todo se resumió en "ya fue, gordo, vamos a coger". Paró el auto, y recliné el asiento. Estábamos los dos pasados de calentura de tanto manoseo previo. Una vez que acomodamos el asiento, llegó el momento de la sinceridad:
- ¿Y cómo hacemos? - me pregunta - nunca cogí en un auto - Okey, eso fue sorpresivo. Lo miro.
- Yo sí. Vení encima mío-
- Pero no entro - tiene razón. El auto no tiene vidrios polarizados, o sea que si voy yo arriba todo el que pase me va a ver el culo... saco sólo una pierna del pantalón y la bombacha.
- Yo voy arriba, pasate de asiento -
Se pasa y lo monto, siento cómo me abre con su pija, cómo me voy mojando mientras él me besa y me agarra las tetas. Siento la excitación de los dos, lo poquito que falta para acabar, miro por la ventanilla
- Boludo, viene gente. - En cinco segundos él se pasó de asiento al tiempo que yo me vestía con una mano y enderezaba los asientos con la otra. Salimos de ese lugar en pleno ataque de risa. Cuarenta metros más adelante, me mira y se sorprende
- ¿Ya te vestiste?
- Si, nene. Años de sexo adolescente.
- ¿Querés volver a entrar?-
- Quiero que me cojas
-Vamos al departamento, entonces.
Me quedo callada un rato. Vamos por libertador, y las hormonas en mi sangre me hacen imaginar cien mil cosas. Digo una.
- Es una cagada que seas mi pija- sonríe, extrañado
- ¿Por qué?
- Porque me encantaría verte coger un traba
- Dicho así, sí. Es una cagada
III
Llegamos y entre beso y beso quedamos delante del espejo. Me apoya contra mi reflejo, y me coge, así como estamos. Estoy mojada, ok, pero no tanto. Me duele un poco, pero eso me excita más. Del espejo a la cama, arrancándonos la ropa y en seguida estoy abajo suyo, él cogiéndome como si fuera la última vez... o la primera. Como volviendo a explicarme que es él mi macho, que voy a ser su puta siempre porque nadie me va a tener de esa manera; entera.
El orgasmo es inminente, y a mis gritos se suma el gemido de él, su cara de enfermito mental, su semen, viajando, eternamente viajando, adentro mío.
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