Siete de diciembre. Salgo con mis amigos gays a un boliche del centro, a cagarnos de risa y pasarla bien. En algún momento me dicen que va a venir ella, y me pongo un poco nerviosa, pero sé que esa noche va a ser mía.
Dos o tres tequilas, un par de frizzè, y algún trago después, la encaro en la pista de baile. "Te quiero dar un beso" le digo. Ella se sonroja, no sabe qué hacer. Dice que no sabe que hacer, pero es una zorra y lo sé. Después de un rato, voy al baño, y ella me sigue. Las dos estamos en el mismo grupo de amigos, así que no es conveniente que nos vean a los besos. Ella es bisexual, mas tirando a lesbiana; yo, rabiosamente hetero. Bueno, no tanto, pero mi imagen es esa. Hablamos un rato en el baño, ella me pregunta por mi ex... necesita alguna mentira, algo que le anuncie que tiene futuro conmigo, y yo le sonrío, y voy diciendo lo que sé que quiere escuchar mientras le miro la boca de vez en cuando. Me presto al juego, sé que mostré mis cartas, y la decisión es de ella. Me llena las pelotas tener que chamuyarla, estoy acostumbrada a cazar hombres, que son mucho más fáciles, además de saber que ella no es ninguna santa. En ningún momento doy todo por perdido, porque le voy tomando el pulso. Finjo retroceder, finjo haberme equivocado. Ella me hace prometer que no voy a poner la borrachera como excusa (y de hecho, no planeo hacerlo, es demasiado idiota esa salida), que vamos a seguir hablándonos. Ya estoy harta de escuchar sus pelotudeces, así que juego a que salgo del baño. Ella me detiene, se acerca a mi, y me besa. Estamos frente al espejo, y siento su lengua moviéndose en mi boca, con la dulzura de una mujer. Siento mi humedad, y ese calor tan conocido, siento deseo por ella, quisiera desnudarla allí mismo y lamer cada centímetro de su piel.
Despacio, acaricio su espalda, su cintura, sin apurar. Sé que en dos minutos voy a estar pelliscando suavecito sus pezones, así que la dejo fluír. Dejo que se llene con mi beso, muevo la lengua despacio para no lastimarla con mi arito, siento la presión de su cadera contra la mía, y empiezo a acariciar sus pechos desde afuera, como quien no quiere la cosa. La onda es dejarla caliente para que ella solita me venga a buscar después, pero necesito tocarla. Decido que no voy a bajar la mano, que solamente voy a memorizar sus pechos mediante el tacto. Y los voy acariciando hasta tenerlos completamente en mis manos, los presiono apenas, los toco como si fueran míos, porque en ese momento lo son. La sigo besando, varío con algún pico y beso su mentón y su cuello. Hasta que me aburro. Me aburro de la pelotudez, de no tener su clítoris entre mis labios, y le digo: "Paremos porque te cojo acá". Ella está perturbada, y me da un beso más antes de salir del baño.
Yo la miro salir y decido que la próxima vez no le voy a avisar.
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