sábado, 16 de julio de 2011

Juego previo

-Y si no lo hago, ¿Qué me vas a hacer?- Lo desafío. La rebeldía que nunca lo fue a visitar está en su cama. Apenas tengo la ropa interior, las medias y una musculosa.
-Te puedo echar- Me río, tentada
-¿Vos me vas a echar?- Me sigo riendo, para provocarlo, porque sé que lo va a hacer, pero a veces me olvido que pesa casi treinta kilos más que yo.
Entonces me agarra, y yo empiezo a retorcerme, me trabo en el respaldo de la cama, le pido que me suelte, y él me sigue tironeando, me agarra de los pelos, y estoy tan llena de adrenalina, tan excitada que me asusta un poco. Tengo que ceder, porque puedo soportar el dolor, pero me va a lastimar feo y después voy a tener que dar explicaciones, lo van a ir a buscar y a cagar a trompadas. Me lleva hasta la puerta, me pongo de frente a él y apoyo el culo, en las piernas tengo la fuerza de años de natación más una temporada de pilates y localizada.
-Ah es tu culo que no me deja abrir la puerta- me dice.
-Si, nene, no te voy a dejar- y sonrío soberbia. Sé que está tan excitado como yo. Sé que odia no tener control sobre mi. Mi cuerpo está agotado, y de no ser porque no es momento estaría temblando o sentada en el piso, por un segundo dudo si mis piernas van a ceder o me van a seguir obedeciendo.
-Vení, dale- me dice. Yo finjo creer que el juego terminó, pero conozco su ritmo y sus mañas, así como a veces le encanta sacarme la pija cuando le pido mas para después metérmela hasta el fondo de una sola vez, haciéndome sentir que me va a partir al medio, así me mira ahora. Los dos sabemos que no terminó, que me va a seguir presionando un poco más porque no nos damos tregua, necesitamos ese juego cada vez más enfermo, esa confianza que me llevó unas horas antes a dejar que me pase el cuchillo más afilado lentamente por el cuello mientras me hacía presión, que me apoye el lado contrario al filo y aprete, o que me ahorque hasta que empecé a pedir que me deje respirar por no tener mas aire. Y él para. Él sabe cuando parar, por eso puedo ser su zorra personal.
Me besa, despacio me va separando de la puerta, y en mi cabeza "Dejalo. Que él vea hasta dónde puede llegar. Que entienda que no perdió el control." Me dejo llevar, esperando el cambio de fase, que tarda menos de un minuto en llegar, entonces abre la puerta del departamento, y me empieza a empujar, yo trabo con el antebrazo derecho en el maro de la puerta (un huevito violeta indica exactamente qué parte de mi antebrazo, aunque en el momento ni me enteré), con el izquierdo en la puerta y le pido que pare. "Si gritás van a salir todos los vecinos y te van a ver en bolas" me susurra al oído. Entonces dejo de gritar. Casi en seguida me suelta. Cierro la puerta y me pongo el jean, mientras lo puteo. Él finge que no le importa, no dejo que me bese, y no sé cómo terminamos a los pies de la cama, con él agarrándome de los pelos y acercándome la cara mientras yo le digo
-Te pensás que voy a gritar, pelotudo? ¿Todavía no te enteraste que puedo separar bien el dolor físico de mi? Tengo experiencia
-Si, ya sé, pero ¿Eso es lo que querés?- Definitivamente no. Con él soy una unidad entera. Me quejo, y me suelta. Entonces nos besamos, y él me da vuelta y me coje contra el mueble, parados, mientras me agarra de la cadera. Empiezo a sentir el orgasmo subiendo, estoy a punto de acabar, y él me dice, resignado:
-Me vengo!
-Venite, hijo de puta, venite
Y zas! acabamos juntos. Nos separamos y nos miramos, extrañados, reconociéndonos.
-Acabamos juntos- Le digo, y él sonríe. Se aleja unos pasos, hay que terminar de limpiar.
-A vos te gustó tanto como a mi todo esto?- Levanta una ceja y no dice nada -¿Te das cuenta que somos dos enfermos?-
-Si
Pero está bien, hacía mucho que no teníamos previa.

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