sábado, 10 de septiembre de 2011

Beatle

Sábado a la noche. Volvimos con los nenes (los hijos de mi chico; 4 y 10 años), cansadísimos, cenamos y se acostaron a dormir. El monoambiente reduce cualquier tipo de contacto físico al 0%. Eventualmente una mano en el hombro, o una caricia descuidada, pero nada más. Y todo el día juntos, moría por llevarme su verga a la boca. Cuando finalmente se durmieron, nos escapamos a la terraza. Prendí un cigarrillo, y hablamos lo que duró ese pucho. La noche era cálida, y él tan cerca. Nos besamos despacio, redescubriendo nuestras bocas, recorriendo los dientes, paladares y labios con nuestras lenguas, ávidas del otro, de contener, y retener, la esencia de nuestra calentura. Se paró delante mío, bajé el short que tenía puesto y puse toda su erección en mi boca. Despacio. Lamer cada centímetro de su tronco, paladear la cabeza, presionando apenas con mi piercing (por algo me lo hice), sentir como estaba a punto de estallar, mientras acariciaba sus glúteos. Él me agarró de la mano, levantándome y girándome en el mismo acto. Apoyé las palmas en la pared, mientras pensaba que el edificio tiene sólo 8 pisos, es un enano rodeado de monstruosidades de no menos de 15, y cualquiera podría vernos. Ese tipo de adrenalina es genial. Recordé entonces cuando trabajábamos juntos y solíamos ir a las escaleras (el único lugar sin cámaras) para coger en el break de 15 minutos. Pero esto era definitivamente distinto. Sentía la penetración, mis manos en la pared, su respiración en mi oído, su mano derecha en mi clítoris, la izquierda buscando abrirse camino en mi culito, escuchaba los escasos autos que pasaban por la avenida, a diez metros de mi desnudez, la brisa que erizaba apenas mis pezones. Y tuve que contener el grito que saldría para liberar externamente la explosión que sentía por dentro.
Fue entonces que salió de mi humedad para entrar en mi culo, para volver a mostrarme que el orgasmo anal es una suerte de "happy hour cumming". Mucho mas intenso y total. Me soltó para llevarme al borde de la terraza, sentarme en la pared, y seguir cogiéndome por atrás, pero de frente. Clavé mis uñas en su espalda, mientras él mordía mis hombros. Estábamos completamente excitados, y ya no importaba si estábamos dando el show del año en el barrio, o si me caía al vacío; al contrario, eso era agrandar el combo. Escucho su apenas perceptible cambio de respiración, siento endurecer todavía más su verga (casi me duele), veo ese brillo tan particular en sus ojos, y lo sé. Va a venirse en sincronía con mi orgasmo sin número (contarlos me desconcentra). Se tensa su cuello entero y siento su leche salir de él para entrar en mi. Bajamos y nos turnamos en la ducha. Nos acostamos en seguida y en camas separadas; mañana tengo que levantarme temprano y hacer el desayuno para los cuatro.  
Hacía mucho que no teníamos sexo anal; lo extrañaba. Fue apropiado el regreso en la terraza.

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