domingo, 2 de octubre de 2011

Esposada


No pretendo que entiendan lo que voy a relatar a continuación. Tal vez el punto más intenso en todo esto es la psiquis humana, la forma en que se puede abrir completamente cuando el entorno es el adecuado. No es fácil, aunque sí recomendable.
Besándonos. Mi chico y yo semidesnudos, noche de martes. Él está cansadísimo; trabajó doce horas, y al día siguiente lo esperan otras doce. Tenemos que hablar de algunas cosas, pero la charla quedó parcialmente relegada ya que estamos en ese momento de necesidad de labios, y movimiento de pieles, de empezar a dibujar ese mundo compartido. Nos tocamos de a poco, redescubriéndonos. Acaricio su pecho, su abdomen, su ingle, me acerco a su dureza pero no la toco. Él roza mis pezones a través del corpiño, retrocede, lo desabrocha, y lo miro. Ya no soy yo. Ni él es él. Me subo y empiezo a balancearme, despacio.
-Sos un hijo de puta – sonríe, perverso – hace diez meses que quiero sacarme la calentura que tengo con vos, y no puedo. ¿Por qué me calentás tanto?
- No sé, puta. Movete y dejá de hablar – el juego está en marcha, sonrío.
- ¿Hoy me vas a hacer el culo? O te lo hago a vos. – Se ríe
- Puta, te encanta que te rompa el culo, ¿no? – desearía meterlo entero adentro mío.
- Si, forro. Me encantás, me encanta tu verga en mi culo.
Siento cómo me estoy preparando para él, y sé que en dos minutos más voy a caminar una vez más por esa línea que separa el placer del dolor. Entonces saco su pija de adentro mío, solamente para meterla en otro lugar, no sin antes chupársela. Intento hacerlo con suavidad, pero en este punto somos dos animales. Él me agarra de la cadera y hace presión.
- Me duele. Esperá que me duele.
- Si te encanta, puta - no para, y me gusta. En verdad me gusta que no pare, que disfrute de mi dolor tanto como yo.
- Y decime, hijo de puta, ¿qué me harías? Te encanta someterme, ¿no? Te encanta que sea tu puta… y a mí me encanta tu verga.
- Te voy a poner en cuatro, con las manos esposadas en la espalda, amordazada, la cara contra la cama. Y te voy a coger un rato por el culo, mientras dos putas me besan y me manosean, una de cada lado. No te voy a dejar acabar, no.
- ¿Cómo que no, forro?
- No, tal vez en tu fantasía sí acabes… pero esta es mía, y no te dejo. Te dejo toda la leche adentro, vos sentís el líquido caliente llenándote, y sin desatarte te doy vuelta, para que veas cómo manoseo a las dos putas, y cómo se tocan entre ellas, una tiene las tetas grandes, como me gustan a mi, la otra con tetas más chicas, como te gustan a vos.
- ¿Y no me hacen nada? – me cuesta mucho hablar, casi no tengo aire. Sé que estoy a menos de tres segundos de acabar, las imágenes que está tirando en mi cabeza son demasiado intensas, y su voz casi susurrada, y el movimiento acompasado, en sincronía perfecta…
- No, no te hacen nada. Aunque si te portás bien por ahí dejo que te la chupen mientras se besan entre ellas…
 Y acabo. Acabo y lo puteo en todos los idiomas posibles. La cama se va a romper, seguro. Le susurro al oído cómo voy a chupar tetas delante de él, mientras aprieto y suelto su verga con mi ano, y siento como crece hasta hacerme doler y venirme a la vez. Siento su eyaculación desde la base de su pija hasta el fondo de mi culo, me derrito.
- ¿Te gustó, puta?
- Si, forro
- Entonces prendeme un pucho
- Cuando vuelva del baño
Fumamos con pocas palabras y algunos mimos, abrazados. Cinco minutos después, somos un enredo de brazos, piernas y labios descansando.
Besándonos, hasta en el sueño. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario