Él la miraba. Ella se sentía húmeda, expectante, intensa. La besaba, le sonreía y la volvía a besar. Ella se dejaba hacer, quería dejarlo creer que tenía el control, ya tendría tiempo de cambiar el sentido de la ecuación. Comenzó a tocarse sin sacarse la tanga, insinuando solamente lo que pasaba entre sus dedos y su sexo. Él la miraba, no le perdía rastro. Ella podía ver los hombros anchos, bien formados, los brazos musculosos, el vello espeso y negro que cubría un pecho masculino hasta el pecado. Él arrancó la tanga y entró en ella. Ella arqueó la espalda hacia atras, con un gemido de placer. Y otro. Y otro. De eso se trata el orgasmo.
-Hoy acabaste en seguida, mi amor- dijo él mientras la miraba cabalgarlo. Ella abrió los ojos y lo miró con desprecio. Odiaba que la interrumpiera así. Pero sonrió, y respondió con la voz ronca:
-Estaba inspirada.
El sexo y yo
viernes, 14 de junio de 2013
Consuelo
miércoles, 12 de octubre de 2011
Animal
Es ese momento en que la racionalidad, el sentido común, la cultura y la cordura sucumben ante el insoslayable movimiento de los cuerpos y el fluir de las hormonas en la sangre. Las palabras ya han quedado de lado y ahora son las lenguas las que mantienen su frenético diálogo, al tiempo que las manos recorren la piel del otro en libertad, sabiendo que la ropa hace tiempo dejó de estorbar. Entonces las caricias se hacen cada vez más urgentes y los labios se lamen, se muerden y se conquistan. La pija está erecta y la concha está mojada. Los dedos se encuentran con los pechos y la boca marcha presta a saborear esas tetas incitantes. Ella encuentra una verga dura y expectante, dispuesta a hundirse en sus profundidades, pero aún no. Primero es tiempo de sentir su sabor, de llenarla de saliva para lubricarla, de meterla hasta la garganta. Él a su vez busca la vulva para degustar su humedad, para morder suavemente y no tanto esos labios jugosos que llaman a su deseo. Ella se retuerce de placer y siente con fuerza cada latido en su sexo mientras deja salir suaves gemidos. Finalmente él no resiste más la urgencia de su miembro, la pone decúbito dorsal, se coloca sobre ella y la penetra con fuerza. Ella suelta un grito, tan sólo el primero. Él la toma con fuerza de las caderas mientras bombea una y otra vez en su interior. Ella siente cómo la sangre se acumula en su vagina anticipando el orgasmo inminente.
Él siente el semen acumularse en su verga enhiesta dispuesto a llenar las cavidades de ella. Entonces ambos se miran y finalmente estallan, al unísono, en un mismo climax compartido, en un sólo grito a coro, en un alarido final que anula todo rastro de cultura y de conciencia y convierte aquello que algunos llaman "amor" en el festival de instintos que siempre fue.
Trippin'
I
- ¿Y si vamos a los bosques de Palermo?- me pregunta, casi desafiante. Lo miro.
- Me querés llevar a ver trabas. - giro la cabeza hacia la ventanilla, sin dejar de tocar mi pezón derecho, al aire, vamos por la General Paz. Son las diez de la noche, y voy chupándole la pija de a ratos mientras maneja el taxi. Sonrío. - Dale, vamos... pero, se puede coger ahí?-
- Los trabas cogen ahí.- me quedo callada, prendo un cigarrillo, y por un rato sólo me concentro en mi mano, que rodea su pija dura como una piedra, en mi vulva húmeda, ardiendo bajo la yema de mis dedos.
II
Las primeras veces son geniales. Nunca había ido a ver los trabas de Palermo, y la verdad me impresioné un poco. Ellos también; supongo que no debe ser común ver una mujer por esos lugares. Después de un par de vueltas, todo se resumió en "ya fue, gordo, vamos a coger". Paró el auto, y recliné el asiento. Estábamos los dos pasados de calentura de tanto manoseo previo. Una vez que acomodamos el asiento, llegó el momento de la sinceridad:
- ¿Y cómo hacemos? - me pregunta - nunca cogí en un auto - Okey, eso fue sorpresivo. Lo miro.
- Yo sí. Vení encima mío-
- Pero no entro - tiene razón. El auto no tiene vidrios polarizados, o sea que si voy yo arriba todo el que pase me va a ver el culo... saco sólo una pierna del pantalón y la bombacha.
- Yo voy arriba, pasate de asiento -
Se pasa y lo monto, siento cómo me abre con su pija, cómo me voy mojando mientras él me besa y me agarra las tetas. Siento la excitación de los dos, lo poquito que falta para acabar, miro por la ventanilla
- Boludo, viene gente. - En cinco segundos él se pasó de asiento al tiempo que yo me vestía con una mano y enderezaba los asientos con la otra. Salimos de ese lugar en pleno ataque de risa. Cuarenta metros más adelante, me mira y se sorprende
- ¿Ya te vestiste?
- Si, nene. Años de sexo adolescente.
- ¿Querés volver a entrar?-
- Quiero que me cojas
-Vamos al departamento, entonces.
Me quedo callada un rato. Vamos por libertador, y las hormonas en mi sangre me hacen imaginar cien mil cosas. Digo una.
- Es una cagada que seas mi pija- sonríe, extrañado
- ¿Por qué?
- Porque me encantaría verte coger un traba
- Dicho así, sí. Es una cagada
III
Llegamos y entre beso y beso quedamos delante del espejo. Me apoya contra mi reflejo, y me coge, así como estamos. Estoy mojada, ok, pero no tanto. Me duele un poco, pero eso me excita más. Del espejo a la cama, arrancándonos la ropa y en seguida estoy abajo suyo, él cogiéndome como si fuera la última vez... o la primera. Como volviendo a explicarme que es él mi macho, que voy a ser su puta siempre porque nadie me va a tener de esa manera; entera.
El orgasmo es inminente, y a mis gritos se suma el gemido de él, su cara de enfermito mental, su semen, viajando, eternamente viajando, adentro mío.
domingo, 2 de octubre de 2011
Esposada
No pretendo que entiendan lo que voy a relatar a continuación. Tal vez
el punto más intenso en todo esto es la psiquis humana, la forma en que se
puede abrir completamente cuando el entorno es el adecuado. No es fácil, aunque sí recomendable.
Besándonos. Mi chico y yo semidesnudos, noche de martes. Él está
cansadísimo; trabajó doce horas, y al día siguiente lo esperan otras doce.
Tenemos que hablar de algunas cosas, pero la charla quedó parcialmente relegada
ya que estamos en ese momento de necesidad de labios, y movimiento de pieles,
de empezar a dibujar ese mundo compartido. Nos tocamos de a poco, redescubriéndonos.
Acaricio su pecho, su abdomen, su ingle, me acerco a su dureza pero no la toco.
Él roza mis pezones a través del corpiño, retrocede, lo desabrocha, y lo miro. Ya
no soy yo. Ni él es él. Me subo y empiezo a balancearme, despacio.
-Sos un hijo de puta – sonríe, perverso – hace diez meses que quiero
sacarme la calentura que tengo con vos, y no puedo. ¿Por qué me calentás tanto?
- No sé, puta. Movete y dejá de hablar – el juego está en marcha,
sonrío.
- ¿Hoy me vas a hacer el culo? O te lo hago a vos. – Se ríe
- Puta, te encanta que te rompa el culo, ¿no? – desearía meterlo entero
adentro mío.
- Si, forro. Me encantás, me encanta tu verga en mi culo.
Siento cómo me estoy preparando para él, y sé que en dos minutos más
voy a caminar una vez más por esa línea que separa el placer del dolor.
Entonces saco su pija de adentro mío, solamente para meterla en otro lugar, no
sin antes chupársela. Intento hacerlo con suavidad, pero en este punto somos
dos animales. Él me agarra de la cadera y hace presión.
- Me duele. Esperá que me duele.
- Si te encanta, puta - no para, y me gusta. En verdad me gusta que no
pare, que disfrute de mi dolor tanto como yo.
- Y decime, hijo de puta, ¿qué me harías? Te encanta someterme, ¿no?
Te encanta que sea tu puta… y a mí me encanta tu verga.
- Te voy a poner en cuatro, con las manos esposadas en la espalda,
amordazada, la cara contra la cama. Y te voy a coger un rato por el culo,
mientras dos putas me besan y me manosean, una de cada lado. No te voy a dejar
acabar, no.
- ¿Cómo que no, forro?
- No, tal vez en tu fantasía sí acabes… pero esta es mía, y no te
dejo. Te dejo toda la leche adentro, vos sentís el líquido caliente llenándote,
y sin desatarte te doy vuelta, para que veas cómo manoseo a las dos putas, y
cómo se tocan entre ellas, una tiene las tetas grandes, como me gustan a mi, la
otra con tetas más chicas, como te gustan a vos.
- ¿Y no me hacen nada? – me cuesta mucho hablar, casi no tengo aire.
Sé que estoy a menos de tres segundos de acabar, las imágenes que está tirando
en mi cabeza son demasiado intensas, y su voz casi susurrada, y el movimiento
acompasado, en sincronía perfecta…
- No, no te hacen nada. Aunque si te portás bien por ahí dejo que te
la chupen mientras se besan entre ellas…
Y acabo. Acabo y lo puteo en
todos los idiomas posibles. La cama se va a romper, seguro. Le susurro al oído
cómo voy a chupar tetas delante de él, mientras aprieto y suelto su verga con
mi ano, y siento como crece hasta hacerme doler y venirme a la vez. Siento su
eyaculación desde la base de su pija hasta el fondo de mi culo, me derrito.
- ¿Te gustó, puta?
- Si, forro
- Entonces prendeme un pucho
- Cuando vuelva del baño
Fumamos con pocas palabras y algunos mimos, abrazados. Cinco minutos
después, somos un enredo de brazos, piernas y labios descansando.
Besándonos, hasta en el sueño.
sábado, 10 de septiembre de 2011
Beatle
Sábado a la noche. Volvimos con los nenes (los hijos de mi chico; 4 y 10 años), cansadísimos, cenamos y se acostaron a dormir. El monoambiente reduce cualquier tipo de contacto físico al 0%. Eventualmente una mano en el hombro, o una caricia descuidada, pero nada más. Y todo el día juntos, moría por llevarme su verga a la boca. Cuando finalmente se durmieron, nos escapamos a la terraza. Prendí un cigarrillo, y hablamos lo que duró ese pucho. La noche era cálida, y él tan cerca. Nos besamos despacio, redescubriendo nuestras bocas, recorriendo los dientes, paladares y labios con nuestras lenguas, ávidas del otro, de contener, y retener, la esencia de nuestra calentura. Se paró delante mío, bajé el short que tenía puesto y puse toda su erección en mi boca. Despacio. Lamer cada centímetro de su tronco, paladear la cabeza, presionando apenas con mi piercing (por algo me lo hice), sentir como estaba a punto de estallar, mientras acariciaba sus glúteos. Él me agarró de la mano, levantándome y girándome en el mismo acto. Apoyé las palmas en la pared, mientras pensaba que el edificio tiene sólo 8 pisos, es un enano rodeado de monstruosidades de no menos de 15, y cualquiera podría vernos. Ese tipo de adrenalina es genial. Recordé entonces cuando trabajábamos juntos y solíamos ir a las escaleras (el único lugar sin cámaras) para coger en el break de 15 minutos. Pero esto era definitivamente distinto. Sentía la penetración, mis manos en la pared, su respiración en mi oído, su mano derecha en mi clítoris, la izquierda buscando abrirse camino en mi culito, escuchaba los escasos autos que pasaban por la avenida, a diez metros de mi desnudez, la brisa que erizaba apenas mis pezones. Y tuve que contener el grito que saldría para liberar externamente la explosión que sentía por dentro.Fue entonces que salió de mi humedad para entrar en mi culo, para volver a mostrarme que el orgasmo anal es una suerte de "happy hour cumming". Mucho mas intenso y total. Me soltó para llevarme al borde de la terraza, sentarme en la pared, y seguir cogiéndome por atrás, pero de frente. Clavé mis uñas en su espalda, mientras él mordía mis hombros. Estábamos completamente excitados, y ya no importaba si estábamos dando el show del año en el barrio, o si me caía al vacío; al contrario, eso era agrandar el combo. Escucho su apenas perceptible cambio de respiración, siento endurecer todavía más su verga (casi me duele), veo ese brillo tan particular en sus ojos, y lo sé. Va a venirse en sincronía con mi orgasmo sin número (contarlos me desconcentra). Se tensa su cuello entero y siento su leche salir de él para entrar en mi. Bajamos y nos turnamos en la ducha. Nos acostamos en seguida y en camas separadas; mañana tengo que levantarme temprano y hacer el desayuno para los cuatro.
Hacía mucho que no teníamos sexo anal; lo extrañaba. Fue apropiado el regreso en la terraza.
viernes, 26 de agosto de 2011
Out of breathe
¿Qué es hacer el amor?
Ternura? Cariño? Puede ser... supongo que siempre dudé de estos conceptos, mas que nada porque cuando cojo, no me da pensar "qué mirada tan dulce", sino más bien "tocame las tetas".
Mi babe y yo tuvimos una sesión de sexo bastante sacada hoy. Empezó conmigo haciéndole mimos porque estaba medio bajón, con serias intenciones de relajarlo para que duerma, o para hacerle unos masajes que anda necesitando, y le hago cada vez que surge. Caricia va, mimo viene, me calenté como la zorra que soy, pero bueno, quería darle placer mas que recibirlo. Entonces, empecé a jugar con mi boca alrededor de su pija, besando apenas sus testículos, su pelvis, sus rincones. De a poco, y como sin querer, fui llegando hasta su culito, con el firme propósito de que mi dedo excursione hacia su interior. Fui entrando en él muy despacio, y empecé a acariciar su punto P. Hubieron cambios de ritmo, lo besé en la boca, el cuello, los testículos, chupé su sexo. Cuando él lo pidió, me retiré con sutileza, y empecé a tocarme. Me subí a su pija, que parecía a punto de estallar por su dureza, y enseguida llegué al orgasmo.
En ese momento, agarré su mano y la llevé a mi cuello. No hizo falta pedirle nada, él entiende mis tiempos, mis cambios de ritmo, mis perversiones y tendencias sado-masoquistas. Y apretó. Apretó hasta dejarme sin aire, hasta que me puse colorada... pero yo apenas lo noté. El tercer orgasmo se comprimía adentro mío e irrigaba con placer cada célula. Toqué apenas su brazo, y él cedió. Seguí con un movimiento frenético, hamacándome sobre su dureza, lo sentí acabar, darme todo su placer, llenarme con su semen caliente.
Me recosté a su lado, entrelazándonos en ese abrazo que confunde los cuerpos, los fusiona.
-Hay que hacerlo de nuevo, me re gustó- le digo. Él me mira preocupado. - ¿A vos no?
-No quiero volver a hacerlo. Te puedo lastimar
-Entonces no lo hacemos más, babe
Nos besamos, con ternura, y él se duerme casi en seguida. Yo no. Me arde la garganta, en parte por los gemidos, en parte por la presión... estoy llena de preguntas. ¿Qué tipo de perversión me llevó a eso, a disfrutar tanto la situación, a gozar de esa manera la asfixia, la posibilidad de que me mate la persona que amo, el hombre que mejor me cogió en mi vida? Y me doy cuenta que hicimos el amor, una vez más. Porque es esa entrega, esa confianza lo que nos permite volar, caminar por esa línea increíblemente delgada, que se desdibuja por momentos, y separa el placer del dolor.
Su amor me saca el aliento.
Ternura? Cariño? Puede ser... supongo que siempre dudé de estos conceptos, mas que nada porque cuando cojo, no me da pensar "qué mirada tan dulce", sino más bien "tocame las tetas".
Mi babe y yo tuvimos una sesión de sexo bastante sacada hoy. Empezó conmigo haciéndole mimos porque estaba medio bajón, con serias intenciones de relajarlo para que duerma, o para hacerle unos masajes que anda necesitando, y le hago cada vez que surge. Caricia va, mimo viene, me calenté como la zorra que soy, pero bueno, quería darle placer mas que recibirlo. Entonces, empecé a jugar con mi boca alrededor de su pija, besando apenas sus testículos, su pelvis, sus rincones. De a poco, y como sin querer, fui llegando hasta su culito, con el firme propósito de que mi dedo excursione hacia su interior. Fui entrando en él muy despacio, y empecé a acariciar su punto P. Hubieron cambios de ritmo, lo besé en la boca, el cuello, los testículos, chupé su sexo. Cuando él lo pidió, me retiré con sutileza, y empecé a tocarme. Me subí a su pija, que parecía a punto de estallar por su dureza, y enseguida llegué al orgasmo.
En ese momento, agarré su mano y la llevé a mi cuello. No hizo falta pedirle nada, él entiende mis tiempos, mis cambios de ritmo, mis perversiones y tendencias sado-masoquistas. Y apretó. Apretó hasta dejarme sin aire, hasta que me puse colorada... pero yo apenas lo noté. El tercer orgasmo se comprimía adentro mío e irrigaba con placer cada célula. Toqué apenas su brazo, y él cedió. Seguí con un movimiento frenético, hamacándome sobre su dureza, lo sentí acabar, darme todo su placer, llenarme con su semen caliente.
Me recosté a su lado, entrelazándonos en ese abrazo que confunde los cuerpos, los fusiona.
-Hay que hacerlo de nuevo, me re gustó- le digo. Él me mira preocupado. - ¿A vos no?
-Entonces no lo hacemos más, babe
Nos besamos, con ternura, y él se duerme casi en seguida. Yo no. Me arde la garganta, en parte por los gemidos, en parte por la presión... estoy llena de preguntas. ¿Qué tipo de perversión me llevó a eso, a disfrutar tanto la situación, a gozar de esa manera la asfixia, la posibilidad de que me mate la persona que amo, el hombre que mejor me cogió en mi vida? Y me doy cuenta que hicimos el amor, una vez más. Porque es esa entrega, esa confianza lo que nos permite volar, caminar por esa línea increíblemente delgada, que se desdibuja por momentos, y separa el placer del dolor.
Su amor me saca el aliento.
miércoles, 10 de agosto de 2011
Ella
Siete de diciembre. Salgo con mis amigos gays a un boliche del centro, a cagarnos de risa y pasarla bien. En algún momento me dicen que va a venir ella, y me pongo un poco nerviosa, pero sé que esa noche va a ser mía.
Dos o tres tequilas, un par de frizzè, y algún trago después, la encaro en la pista de baile. "Te quiero dar un beso" le digo. Ella se sonroja, no sabe qué hacer. Dice que no sabe que hacer, pero es una zorra y lo sé. Después de un rato, voy al baño, y ella me sigue. Las dos estamos en el mismo grupo de amigos, así que no es conveniente que nos vean a los besos. Ella es bisexual, mas tirando a lesbiana; yo, rabiosamente hetero. Bueno, no tanto, pero mi imagen es esa. Hablamos un rato en el baño, ella me pregunta por mi ex... necesita alguna mentira, algo que le anuncie que tiene futuro conmigo, y yo le sonrío, y voy diciendo lo que sé que quiere escuchar mientras le miro la boca de vez en cuando. Me presto al juego, sé que mostré mis cartas, y la decisión es de ella. Me llena las pelotas tener que chamuyarla, estoy acostumbrada a cazar hombres, que son mucho más fáciles, además de saber que ella no es ninguna santa. En ningún momento doy todo por perdido, porque le voy tomando el pulso. Finjo retroceder, finjo haberme equivocado. Ella me hace prometer que no voy a poner la borrachera como excusa (y de hecho, no planeo hacerlo, es demasiado idiota esa salida), que vamos a seguir hablándonos. Ya estoy harta de escuchar sus pelotudeces, así que juego a que salgo del baño. Ella me detiene, se acerca a mi, y me besa. Estamos frente al espejo, y siento su lengua moviéndose en mi boca, con la dulzura de una mujer. Siento mi humedad, y ese calor tan conocido, siento deseo por ella, quisiera desnudarla allí mismo y lamer cada centímetro de su piel.
Despacio, acaricio su espalda, su cintura, sin apurar. Sé que en dos minutos voy a estar pelliscando suavecito sus pezones, así que la dejo fluír. Dejo que se llene con mi beso, muevo la lengua despacio para no lastimarla con mi arito, siento la presión de su cadera contra la mía, y empiezo a acariciar sus pechos desde afuera, como quien no quiere la cosa. La onda es dejarla caliente para que ella solita me venga a buscar después, pero necesito tocarla. Decido que no voy a bajar la mano, que solamente voy a memorizar sus pechos mediante el tacto. Y los voy acariciando hasta tenerlos completamente en mis manos, los presiono apenas, los toco como si fueran míos, porque en ese momento lo son. La sigo besando, varío con algún pico y beso su mentón y su cuello. Hasta que me aburro. Me aburro de la pelotudez, de no tener su clítoris entre mis labios, y le digo: "Paremos porque te cojo acá". Ella está perturbada, y me da un beso más antes de salir del baño.
Yo la miro salir y decido que la próxima vez no le voy a avisar.
Dos o tres tequilas, un par de frizzè, y algún trago después, la encaro en la pista de baile. "Te quiero dar un beso" le digo. Ella se sonroja, no sabe qué hacer. Dice que no sabe que hacer, pero es una zorra y lo sé. Después de un rato, voy al baño, y ella me sigue. Las dos estamos en el mismo grupo de amigos, así que no es conveniente que nos vean a los besos. Ella es bisexual, mas tirando a lesbiana; yo, rabiosamente hetero. Bueno, no tanto, pero mi imagen es esa. Hablamos un rato en el baño, ella me pregunta por mi ex... necesita alguna mentira, algo que le anuncie que tiene futuro conmigo, y yo le sonrío, y voy diciendo lo que sé que quiere escuchar mientras le miro la boca de vez en cuando. Me presto al juego, sé que mostré mis cartas, y la decisión es de ella. Me llena las pelotas tener que chamuyarla, estoy acostumbrada a cazar hombres, que son mucho más fáciles, además de saber que ella no es ninguna santa. En ningún momento doy todo por perdido, porque le voy tomando el pulso. Finjo retroceder, finjo haberme equivocado. Ella me hace prometer que no voy a poner la borrachera como excusa (y de hecho, no planeo hacerlo, es demasiado idiota esa salida), que vamos a seguir hablándonos. Ya estoy harta de escuchar sus pelotudeces, así que juego a que salgo del baño. Ella me detiene, se acerca a mi, y me besa. Estamos frente al espejo, y siento su lengua moviéndose en mi boca, con la dulzura de una mujer. Siento mi humedad, y ese calor tan conocido, siento deseo por ella, quisiera desnudarla allí mismo y lamer cada centímetro de su piel.
Despacio, acaricio su espalda, su cintura, sin apurar. Sé que en dos minutos voy a estar pelliscando suavecito sus pezones, así que la dejo fluír. Dejo que se llene con mi beso, muevo la lengua despacio para no lastimarla con mi arito, siento la presión de su cadera contra la mía, y empiezo a acariciar sus pechos desde afuera, como quien no quiere la cosa. La onda es dejarla caliente para que ella solita me venga a buscar después, pero necesito tocarla. Decido que no voy a bajar la mano, que solamente voy a memorizar sus pechos mediante el tacto. Y los voy acariciando hasta tenerlos completamente en mis manos, los presiono apenas, los toco como si fueran míos, porque en ese momento lo son. La sigo besando, varío con algún pico y beso su mentón y su cuello. Hasta que me aburro. Me aburro de la pelotudez, de no tener su clítoris entre mis labios, y le digo: "Paremos porque te cojo acá". Ella está perturbada, y me da un beso más antes de salir del baño.
Yo la miro salir y decido que la próxima vez no le voy a avisar.
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