miércoles, 12 de octubre de 2011

Animal





Es ese momento en que la racionalidad, el sentido común, la cultura y la cordura sucumben ante el insoslayable movimiento de los cuerpos y el fluir de las hormonas en la sangre. Las palabras ya han quedado de lado y ahora son las lenguas las que mantienen su frenético diálogo, al tiempo que las manos recorren la piel del otro en libertad, sabiendo que la ropa hace tiempo dejó de estorbar. Entonces las caricias se hacen cada vez más urgentes y los labios se lamen, se muerden y se conquistan. La pija está erecta y la concha está mojada. Los dedos se encuentran con los pechos y la boca marcha presta a saborear esas tetas incitantes. Ella encuentra una verga dura y expectante, dispuesta a hundirse en sus profundidades, pero aún no. Primero es tiempo de sentir su sabor, de llenarla de saliva para lubricarla, de meterla hasta la garganta. Él a su vez busca la vulva para degustar su humedad, para morder suavemente y no tanto esos labios jugosos que llaman a su deseo. Ella se retuerce de placer y siente con fuerza cada latido en su sexo mientras deja salir suaves gemidos. Finalmente él no resiste más la urgencia de su miembro, la pone decúbito dorsal, se coloca sobre ella y la penetra con fuerza. Ella suelta un grito, tan sólo el primero. Él la toma con fuerza de las caderas mientras bombea una y otra vez en su interior. Ella siente cómo la sangre se acumula en su vagina anticipando el orgasmo inminente.

Él siente el semen acumularse en su verga enhiesta dispuesto a llenar las cavidades de ella. Entonces ambos se miran y finalmente estallan, al unísono, en un mismo climax compartido, en un sólo grito a coro, en un alarido final que anula todo rastro de cultura y de conciencia y convierte aquello que algunos llaman "amor" en el festival de instintos que siempre fue.
 

Trippin'


I

- ¿Y si vamos a los bosques de Palermo?- me pregunta, casi desafiante. Lo miro.
- Me querés llevar a ver trabas. - giro la cabeza hacia la ventanilla, sin dejar de tocar mi pezón derecho, al aire, vamos por la General Paz. Son las diez de la noche, y voy chupándole la pija de a ratos mientras maneja el taxi. Sonrío. - Dale, vamos... pero, se puede coger ahí?-
- Los trabas cogen ahí.- me quedo callada, prendo un cigarrillo, y por un rato sólo me concentro en mi mano, que rodea su pija dura como una piedra, en mi vulva húmeda, ardiendo bajo la yema de mis dedos.

II

Las primeras veces son geniales. Nunca había ido a ver los trabas de Palermo, y la verdad me impresioné un poco. Ellos también; supongo que no debe ser común ver una mujer por esos lugares. Después de un par de vueltas, todo se resumió en "ya fue, gordo, vamos a coger". Paró el auto, y recliné el asiento. Estábamos los dos pasados de calentura de tanto manoseo previo. Una vez que acomodamos el asiento, llegó el momento de la sinceridad:
- ¿Y cómo hacemos? - me pregunta - nunca cogí en un auto - Okey, eso fue sorpresivo. Lo miro.
- Yo sí. Vení encima mío-
- Pero no entro - tiene razón. El auto no tiene vidrios polarizados, o sea que si voy yo arriba todo el que pase me va a ver el culo... saco sólo una pierna del pantalón y la bombacha.
- Yo voy arriba, pasate de asiento -
Se pasa y lo monto, siento cómo me abre con su pija, cómo me voy mojando mientras él me besa y me agarra las tetas. Siento la excitación de los dos, lo poquito que falta para acabar, miro por la ventanilla
- Boludo, viene gente. - En cinco segundos él se pasó de asiento al tiempo que yo me vestía con una mano y enderezaba los asientos con la otra. Salimos de ese lugar en pleno ataque de risa. Cuarenta metros más adelante, me mira y se sorprende
- ¿Ya te vestiste?
- Si, nene. Años de sexo adolescente.
- ¿Querés volver a entrar?-
- Quiero que me cojas
-Vamos al departamento, entonces.
Me quedo callada un rato. Vamos por libertador, y las hormonas en mi sangre me hacen imaginar cien mil cosas. Digo una.
- Es una cagada que seas mi pija- sonríe, extrañado
- ¿Por qué?
- Porque me encantaría verte coger un traba
- Dicho así, sí. Es una cagada

III

Llegamos y entre beso y beso quedamos delante del espejo. Me apoya contra mi reflejo, y me coge, así como estamos. Estoy mojada, ok, pero no tanto. Me duele un poco, pero eso me excita más. Del espejo a la cama, arrancándonos la ropa y en seguida estoy abajo suyo, él cogiéndome como si fuera la última vez... o la primera. Como volviendo a explicarme que es él mi macho, que voy a ser su puta siempre porque nadie me va a tener de esa manera; entera.
El orgasmo es inminente, y a mis gritos se suma el gemido de él, su cara de enfermito mental, su semen, viajando, eternamente viajando, adentro mío.

domingo, 2 de octubre de 2011

Esposada


No pretendo que entiendan lo que voy a relatar a continuación. Tal vez el punto más intenso en todo esto es la psiquis humana, la forma en que se puede abrir completamente cuando el entorno es el adecuado. No es fácil, aunque sí recomendable.
Besándonos. Mi chico y yo semidesnudos, noche de martes. Él está cansadísimo; trabajó doce horas, y al día siguiente lo esperan otras doce. Tenemos que hablar de algunas cosas, pero la charla quedó parcialmente relegada ya que estamos en ese momento de necesidad de labios, y movimiento de pieles, de empezar a dibujar ese mundo compartido. Nos tocamos de a poco, redescubriéndonos. Acaricio su pecho, su abdomen, su ingle, me acerco a su dureza pero no la toco. Él roza mis pezones a través del corpiño, retrocede, lo desabrocha, y lo miro. Ya no soy yo. Ni él es él. Me subo y empiezo a balancearme, despacio.
-Sos un hijo de puta – sonríe, perverso – hace diez meses que quiero sacarme la calentura que tengo con vos, y no puedo. ¿Por qué me calentás tanto?
- No sé, puta. Movete y dejá de hablar – el juego está en marcha, sonrío.
- ¿Hoy me vas a hacer el culo? O te lo hago a vos. – Se ríe
- Puta, te encanta que te rompa el culo, ¿no? – desearía meterlo entero adentro mío.
- Si, forro. Me encantás, me encanta tu verga en mi culo.
Siento cómo me estoy preparando para él, y sé que en dos minutos más voy a caminar una vez más por esa línea que separa el placer del dolor. Entonces saco su pija de adentro mío, solamente para meterla en otro lugar, no sin antes chupársela. Intento hacerlo con suavidad, pero en este punto somos dos animales. Él me agarra de la cadera y hace presión.
- Me duele. Esperá que me duele.
- Si te encanta, puta - no para, y me gusta. En verdad me gusta que no pare, que disfrute de mi dolor tanto como yo.
- Y decime, hijo de puta, ¿qué me harías? Te encanta someterme, ¿no? Te encanta que sea tu puta… y a mí me encanta tu verga.
- Te voy a poner en cuatro, con las manos esposadas en la espalda, amordazada, la cara contra la cama. Y te voy a coger un rato por el culo, mientras dos putas me besan y me manosean, una de cada lado. No te voy a dejar acabar, no.
- ¿Cómo que no, forro?
- No, tal vez en tu fantasía sí acabes… pero esta es mía, y no te dejo. Te dejo toda la leche adentro, vos sentís el líquido caliente llenándote, y sin desatarte te doy vuelta, para que veas cómo manoseo a las dos putas, y cómo se tocan entre ellas, una tiene las tetas grandes, como me gustan a mi, la otra con tetas más chicas, como te gustan a vos.
- ¿Y no me hacen nada? – me cuesta mucho hablar, casi no tengo aire. Sé que estoy a menos de tres segundos de acabar, las imágenes que está tirando en mi cabeza son demasiado intensas, y su voz casi susurrada, y el movimiento acompasado, en sincronía perfecta…
- No, no te hacen nada. Aunque si te portás bien por ahí dejo que te la chupen mientras se besan entre ellas…
 Y acabo. Acabo y lo puteo en todos los idiomas posibles. La cama se va a romper, seguro. Le susurro al oído cómo voy a chupar tetas delante de él, mientras aprieto y suelto su verga con mi ano, y siento como crece hasta hacerme doler y venirme a la vez. Siento su eyaculación desde la base de su pija hasta el fondo de mi culo, me derrito.
- ¿Te gustó, puta?
- Si, forro
- Entonces prendeme un pucho
- Cuando vuelva del baño
Fumamos con pocas palabras y algunos mimos, abrazados. Cinco minutos después, somos un enredo de brazos, piernas y labios descansando.
Besándonos, hasta en el sueño.