viernes, 26 de agosto de 2011

Out of breathe

¿Qué es hacer el amor?
Ternura? Cariño? Puede ser... supongo que siempre dudé de estos conceptos, mas que nada porque cuando cojo, no me da pensar "qué mirada tan dulce", sino más bien "tocame las tetas".
Mi babe y yo tuvimos una sesión de sexo bastante sacada hoy. Empezó conmigo haciéndole mimos porque estaba medio bajón, con serias intenciones de relajarlo para que duerma, o para hacerle unos masajes que anda necesitando, y le hago cada vez que surge. Caricia va, mimo viene, me calenté como la zorra que soy, pero bueno, quería darle placer mas que recibirlo. Entonces, empecé a jugar con mi boca alrededor de su pija, besando apenas sus testículos, su pelvis, sus rincones. De a poco, y como sin querer, fui llegando hasta su culito, con el firme propósito de que mi dedo excursione hacia su interior. Fui entrando en él muy despacio, y empecé a acariciar su punto P. Hubieron cambios de ritmo, lo besé en la boca, el cuello, los testículos, chupé su sexo. Cuando él lo pidió, me retiré con sutileza, y empecé a tocarme. Me subí a su pija, que parecía a punto de estallar por su dureza, y enseguida llegué al orgasmo.
En ese momento, agarré su mano y la llevé a mi cuello. No hizo falta pedirle nada, él entiende mis tiempos, mis cambios de ritmo, mis perversiones y tendencias sado-masoquistas. Y apretó. Apretó hasta dejarme sin aire, hasta que me puse colorada... pero yo apenas lo noté. El tercer orgasmo se comprimía adentro mío e irrigaba con placer cada célula. Toqué apenas su brazo, y él cedió. Seguí con un movimiento frenético, hamacándome sobre su dureza,  lo sentí acabar, darme todo su placer, llenarme con su semen caliente.
Me recosté a su lado, entrelazándonos en ese abrazo que confunde los cuerpos, los fusiona.
-Hay que hacerlo de nuevo, me re gustó- le digo. Él me mira preocupado. - ¿A vos no?
-No quiero volver a hacerlo. Te puedo lastimar
-Entonces no lo hacemos más, babe
Nos besamos, con ternura, y él se duerme casi en seguida. Yo no. Me arde la garganta, en parte por los gemidos, en parte por la presión... estoy llena de preguntas. ¿Qué tipo de perversión me llevó a eso, a disfrutar tanto la situación, a gozar de esa manera la asfixia, la posibilidad de que me mate la persona que amo, el hombre que mejor me cogió en mi vida? Y me doy cuenta que hicimos el amor, una vez más. Porque es esa entrega, esa confianza lo que nos permite volar, caminar por esa línea increíblemente delgada, que se desdibuja por momentos, y separa el placer del dolor.
Su amor me saca el aliento.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Ella

Siete de diciembre. Salgo con mis amigos gays a un boliche del centro, a cagarnos de risa y pasarla bien. En algún momento me dicen que va a venir ella, y me pongo un poco nerviosa, pero sé que esa noche va a ser mía.
Dos o tres tequilas, un par de frizzè, y algún trago después, la encaro en la pista de baile. "Te quiero dar un beso" le digo. Ella se sonroja, no sabe qué hacer. Dice que no sabe que hacer, pero es una zorra y lo sé. Después de un rato, voy al baño, y ella me sigue. Las dos estamos en el mismo grupo de amigos, así que no es conveniente que nos vean a los besos. Ella es bisexual, mas tirando a lesbiana; yo, rabiosamente hetero. Bueno, no tanto, pero mi imagen es esa. Hablamos un rato en el baño, ella me pregunta por mi ex... necesita alguna mentira, algo que le anuncie que tiene futuro conmigo, y yo le sonrío, y voy diciendo lo que sé que quiere escuchar mientras le miro la boca de vez en cuando. Me presto al juego, sé que mostré mis cartas, y la decisión es de ella. Me llena las pelotas tener que chamuyarla, estoy acostumbrada a cazar hombres, que son mucho más fáciles, además de saber que ella no es ninguna santa. En ningún momento doy todo por perdido, porque le voy tomando el pulso. Finjo retroceder, finjo haberme equivocado. Ella me hace prometer que no voy a poner la borrachera como excusa (y de hecho, no planeo hacerlo, es demasiado idiota esa salida), que vamos a seguir hablándonos. Ya estoy harta de escuchar sus pelotudeces, así que juego a que salgo del baño. Ella me detiene, se acerca a mi, y me besa. Estamos frente al espejo, y siento su lengua moviéndose en mi boca, con la dulzura de una mujer. Siento mi humedad, y ese calor tan conocido, siento deseo por ella, quisiera desnudarla allí mismo y lamer cada centímetro de su piel.
Despacio, acaricio su espalda, su cintura, sin apurar. Sé que en dos minutos voy a estar pelliscando suavecito sus pezones, así que la dejo fluír. Dejo que se llene con mi beso, muevo la lengua despacio para no lastimarla con mi arito, siento la presión de su cadera contra la mía, y empiezo a acariciar sus pechos desde afuera, como quien no quiere la cosa. La onda es dejarla caliente para que ella solita me venga a buscar después, pero necesito tocarla. Decido que no voy a bajar la mano, que solamente voy a memorizar sus pechos mediante el tacto. Y los voy acariciando hasta tenerlos completamente en mis manos, los presiono apenas, los toco como si fueran míos, porque en ese momento lo son. La sigo besando, varío con algún pico y beso su mentón y su cuello. Hasta que me aburro. Me aburro de la pelotudez, de no tener su clítoris entre mis labios, y le digo: "Paremos porque te cojo acá". Ella está perturbada, y me da un beso más antes de salir del baño.
Yo la miro salir y decido que la próxima vez no le voy a avisar.

sábado, 6 de agosto de 2011

Toy

- Sos una máquina, podés estar cogiendo todo el día... no? - me dice, sonriente
- Ayer estuve todo el día cogiendo- adiós sonrisa... me mira como si le hubiese pegado. Por favor. Vinimos a coger o a hacernos arrumacos?? pongo cara de póker y lo beso... qué más puedo hacer? Le hablé como se le habla a un chonguito y el pelotudo se sintió intimidado. El miedo en ese momento no pasa por herir susceptibilidades, sino porque no se le vuelva a parar. Sonrío siete grados mientras lo beso, lo miro tierna-tímida, le digo "Sos muy lindo" en el oído, casi susurrando, y él se afloja. A esa altura de la tarde ya entendí que si lo cojo como suelo hacer con mi amorcito, lo mato. Hasta ahí regulé a media potencia, o un poco más, y lo volví loco. Qué mal que coge la gente, y no lo digo de agrandada o porque me considere una máquina, ni nada, pero, en serio, qué mal.
El flaco me calienta. Es bonito, alto, tiene apenas pancita, y es divertido a la hora de coger, esto último cuenta como virtud y defecto; en un momento estaba mirándolo por el espejo, al mejor estilo pornstar, y él me mira, levanta la mano izquierda y me hace fuck you. Adiós libido.
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Quedamos en encontrarnos a la una en una estación del eléctrico. Le avisé por texto que iba a llegar quince minutos tarde. La verdad, me atrasé, pero siempre llego tarde a las citas; genero suspenso y me hago desear. A veces me sorprende la frialdad con la que puedo manejar este tipo de cosas. Él estaba tan ansioso que nos tomamos un remis por cinco cuadras. Entramos, él abrió la puerta y me dejó pasar. Me dí cuenta entonces que los hombres siempre hacen eso antes de entrar al telo, al menos cuando no soy yo la que abre la puerta de toque. "Tranquila, despacio... generale curiosidad, ganas de partirte. Es tuyo, tu juguete. Evitá el contacto físico hasta llegar a la habitación, desorientalo, que tenga hambre" me decía a mí misma. Antes de subir al ascensor me dijo que le gustaban mis pantalones... yo tiré risita nerviosa.
Entramos, y él se acercó todo tierno (?) y me empezó a besar. Lo dejé en cueros, y lo acaricié. De a poco nos fuimos desnudando... menos las medias. Me había llevado un par de mi gordo. La música en la habitación me hacía pensar que estaba en una peli de Spielberg, pero buena onda que no estaba la radio; me distrae mucho. Entonces, estaba acostada en la cama casi completamente desnuda, con él descubriendo mis pliegues con su lengua. Bien el pibe. Al momento de retribuírlo, me encontré con un cuerpo extraño en la boca. Era cerrar los ojos y que aparezca mi gordito, pero no lo suficiente como para hacerle a mi toy las cosas que sí le hago a él.
Mas o menos cuarenta y cinco minutos duró el primer round, y el flaco no acabó. Me dí cuenta que quería fumar, que ya me había aburrido de ver tanta fascinación por cosas que no eran fascinantes. Que me estaba divirtiendo físicamente, pero al mismo tiempo estaba a kilómetros de mi. Sí, cogimos. Sí, el flaco andaba bien... un 6 o 7. Acabé, y la verdad no me importó que él no haya llegado. Y sí, seguramente voy a volver a estar con algún otro, no por ahora.
Mi amor me llamó a las seis, como habíamos quedado. Cuando llegó del trabajo, le conté lo que había hecho con el otro, completamente libre... completamente yo. Saber que todo mi sexo le pertenece, incluso mientras estaba en el telo en cuatro con otro diciéndome "tomá" y mirándome a traves del espejo. Porque soy suya, le pertenezco hasta los huesos. Mientras le contaba me dí cuenta que me calenté mucho más por saber que después se lo iba a contar que por estar cogiendo con otro.
Él es mi hombre. Los demás, juguetes.