- Cogeme con la lengua- me dice. Recién salimos de la ducha, y estoy jugando con mi lengua en su culito. Es la primera vez que hago esto en mi vida, a pesar que muchos me pidieron eso, ninguno fue lo suficientemente hombre como para que yo acceda. Tenía miedo de cambiarlos de equipo sin querer. Ahora, con el acostado vibrando de placer mientras hurgo con respeto pero con decisión, agradezco ser tan abierta de mente, y que él también lo sea. Despacio, y después de lubricarlo bien, meto un dedo. Él se estremece. Siento la humedad y la temperatura de su interior, siento como sus músculos ceden ante mi visita. Empiezo a mover el dedo de a poco, mansturbándolo de la misma forma que lo hago conmigo, y al verlo arquear apenas la espalda me lleno de placer. Por un segundo pierdo noción; mientras lo cojo con mi dedo y muevo rítmicamente mi pelvis contra su rodilla siento que me estoy cogiendo a mi. Él me devuelve a la realidad con un:
- ¿Qué? ¿Te pensás que soy puto?- me desconcierta. Lo miro, seria. Sigo chupando su sexo, que está bastante duro, mientras sonrío. Él no me ve, mi pelo y la poca luz me ocultan. Levanto la cabeza para mirarlo, es un homenaje al placer verlo así.
- No, mi amor. Sé que no lo sos.
Me pide que baje el ritmo, que le duele. Trato de contenerme, sé que la situación me excita a mas no poder, y también que no puedo seguir si él no lo está disfrutando. Quiero devolverle todo ese placer anal que él suele darme, así que me acomodo y empiezo a hacer sentadillas, galopándolo sin sacar mi dedo de su culo. Si, a veces hago acrobacias.
Un poco después, me bajo y él me expulsa, diciéndome que fue rarísimo. Me monto en él y lo cabalgo con ganas, como la enfermita sexual que soy. Me estoy calentando muy rápido, mientras le pregunto si le va a gustar ir al boliche swinger conmigo (la cita es la semana que viene), y entramos en ese espiral de calentura incomprensible para la mayoría de la gente. Hasta que él me avisa:
- Me vengo!
- Venite, gordo, yo también
- Vamos entonces!
Y explotamos juntos, y siento como su verga se agranda y eyacula adentro mío, mientras toda mi pelvis enloquece y acabo como sólo él puede hacerme acabar. Después, un cigarrillo para cada uno, y la charla:
- Te gustó lo que te hice?
- Si, fue raro, qué se yo
- Pero, gordo, ya te habían hecho esto antes, no?
- Si, pero es diferente. Las veces anteriores siempre me metían el dedo con timidez, y lo dejaban ahí, quieto... Vos me cogiste.
- Ah, entonces antes te cogieron con el dedo muerto- nos reímos con ganas - Y sí, gor, qué pensaste? Que te iba a dejar el dedito así nomás? No, nene
-Lo que pasa es que no tenés experiencia en hacer culos.
-Te toqué como me toco a mi
-No es lo mismo- Y no, no es lo mismo, pero ya voy a aprender.
Nos abrazamos y dormimos. La próxima van a ser dos.