miércoles, 20 de julio de 2011

Confianza ciega

- Cogeme con la lengua- me dice. Recién salimos de la ducha, y estoy jugando con mi lengua en su culito. Es la primera vez que hago esto en mi vida, a pesar que muchos me pidieron eso, ninguno fue lo suficientemente hombre como para que yo acceda. Tenía miedo de cambiarlos de equipo sin querer. Ahora, con el acostado vibrando de placer mientras hurgo con respeto pero con decisión, agradezco ser tan abierta de mente, y que él también lo sea. Despacio, y después de lubricarlo bien, meto un dedo. Él se estremece. Siento la humedad y la temperatura de su interior, siento como sus músculos ceden ante mi visita. Empiezo a mover el dedo de a poco, mansturbándolo de la misma forma que lo hago conmigo, y al verlo arquear apenas la espalda me lleno de placer. Por un segundo pierdo noción; mientras lo cojo con mi dedo y muevo rítmicamente mi pelvis contra su rodilla siento que me estoy cogiendo a mi. Él me devuelve a la realidad con un:
- ¿Qué? ¿Te pensás que soy puto?- me desconcierta. Lo miro, seria. Sigo chupando su sexo, que está bastante duro, mientras sonrío. Él no me ve, mi pelo y la poca luz me ocultan. Levanto la cabeza para mirarlo, es un homenaje al placer verlo así.
- No, mi amor. Sé que no lo sos.
Me pide que baje el ritmo, que le duele. Trato de contenerme, sé que la situación me excita a mas no poder, y también que no puedo seguir si él no lo está disfrutando. Quiero devolverle todo ese placer anal que él suele darme, así que me acomodo y empiezo a hacer sentadillas, galopándolo sin sacar mi dedo de su culo. Si, a veces hago acrobacias.
Un poco después, me bajo y él me expulsa, diciéndome que fue rarísimo. Me monto en él y lo cabalgo con ganas, como la enfermita sexual que soy. Me estoy calentando muy rápido, mientras le pregunto si le va a gustar ir al boliche swinger conmigo (la cita es la semana que viene), y entramos en ese espiral de calentura incomprensible para la mayoría de la gente. Hasta que él me avisa:
- Me vengo!
- Venite, gordo, yo también
- Vamos entonces!
Y explotamos juntos, y siento como su verga se agranda y eyacula adentro mío, mientras toda mi pelvis enloquece y acabo como sólo él puede hacerme acabar. Después, un cigarrillo para cada uno, y la charla:
- Te gustó lo que te hice?
- Si, fue raro, qué se yo
- Pero, gordo, ya te habían hecho esto antes, no?
- Si, pero es diferente. Las veces anteriores siempre me metían el dedo con timidez, y lo dejaban ahí, quieto... Vos me cogiste.
- Ah, entonces antes te cogieron con el dedo muerto- nos reímos con ganas - Y sí, gor, qué pensaste? Que te iba a dejar el dedito así nomás? No, nene
-Lo que pasa es que no tenés experiencia en hacer culos.
-Te toqué como me toco a mi
-No es lo mismo- Y no, no es lo mismo, pero ya voy a aprender.
Nos abrazamos y dormimos. La próxima van a ser dos.

lunes, 18 de julio de 2011

Casi

Tenía 15 años, y después de mucho tiempo de vernos a escondidas de nuestros compañeros de secundaria, me invitó a su casa. Hacía calor, supongo que sería noviembre o diciembre, y estábamos en su cuarto. En ese entonces yo no fumaba ni me gustaba la cerveza. Nos acostamos en su cama a besarnos y acariciarnos, el sexo era algo que desconocíamos, pero la virginidad empezaba a molestarlo. A mi también en realidad, pero me daba miedo el cómo sería y no saber qué hacer, si le gustaría mi cuerpo, si me gustaría él, temores propios de la edad.
Entonces empezó a acariciarme por abajo de la remera, sus manos en mi piel, y nunca nadie había pasado hasta ahí. Estaba muerta de miedo pero llena de curiosidad. Quería dejarlo pasar, y al mismo tiempo no sabía si todo eso era por él o por mi, si estaba bien o mal. Buscó mis pechos y los acarició con paciencia, descubriéndolos, convenciéndome de a poco. Lo besaba con ternura y sed, sed de un poco más de su lengua. El límite se desdibujó y sentí que quería que me bautice, que rompa su botella contra mi barco.
Me sacó la remera, el corpiño, me miró. Yo veía el deseo ganando su mirada, su piel con olor a macho y Axe, apenas brillosa por la transpiración del verano y los ochenta grados que hacían en su cuarto. Sentía sus músculos ceder apenas a la presión de mis manos y cerré los ojos para poder retener su aroma, su respiración, su mano en mis pezones, su otra mano rozándo mi vulva a través de la bombacha. Entonces me miró y me preguntó "¿Querés seguir?", obligándome a volver a mi, a mi ortografía perfecta, mi casa, el mejor promedio de la clase, mi responsabilidad para con la corrección, la perfección, el control. Y mi racionalidad en otra muestra de su estupidez. Me exigía que me hiciera cargo de lo que íbamos a hacer, y yo no podía porque en ese momento el sexo era algo sucio y prohibido, y yo mucho mas obediente que ahora. Entonces le dije que no, y él entendió. Con sus 15 años, sus ganas y la espectativa que se había generado él me abrazó, empezamos a hablar de cualquier cosa, y supe que tenía al lado a alguien que me cuidaría, que para él yo era más importante que sus impulsos. Mas tarde nos vestimos y fuimos juntos al cole.
Perdí la virginidad con él dos años después, pero eso ya es otra historia.

sábado, 16 de julio de 2011

Juego previo

-Y si no lo hago, ¿Qué me vas a hacer?- Lo desafío. La rebeldía que nunca lo fue a visitar está en su cama. Apenas tengo la ropa interior, las medias y una musculosa.
-Te puedo echar- Me río, tentada
-¿Vos me vas a echar?- Me sigo riendo, para provocarlo, porque sé que lo va a hacer, pero a veces me olvido que pesa casi treinta kilos más que yo.
Entonces me agarra, y yo empiezo a retorcerme, me trabo en el respaldo de la cama, le pido que me suelte, y él me sigue tironeando, me agarra de los pelos, y estoy tan llena de adrenalina, tan excitada que me asusta un poco. Tengo que ceder, porque puedo soportar el dolor, pero me va a lastimar feo y después voy a tener que dar explicaciones, lo van a ir a buscar y a cagar a trompadas. Me lleva hasta la puerta, me pongo de frente a él y apoyo el culo, en las piernas tengo la fuerza de años de natación más una temporada de pilates y localizada.
-Ah es tu culo que no me deja abrir la puerta- me dice.
-Si, nene, no te voy a dejar- y sonrío soberbia. Sé que está tan excitado como yo. Sé que odia no tener control sobre mi. Mi cuerpo está agotado, y de no ser porque no es momento estaría temblando o sentada en el piso, por un segundo dudo si mis piernas van a ceder o me van a seguir obedeciendo.
-Vení, dale- me dice. Yo finjo creer que el juego terminó, pero conozco su ritmo y sus mañas, así como a veces le encanta sacarme la pija cuando le pido mas para después metérmela hasta el fondo de una sola vez, haciéndome sentir que me va a partir al medio, así me mira ahora. Los dos sabemos que no terminó, que me va a seguir presionando un poco más porque no nos damos tregua, necesitamos ese juego cada vez más enfermo, esa confianza que me llevó unas horas antes a dejar que me pase el cuchillo más afilado lentamente por el cuello mientras me hacía presión, que me apoye el lado contrario al filo y aprete, o que me ahorque hasta que empecé a pedir que me deje respirar por no tener mas aire. Y él para. Él sabe cuando parar, por eso puedo ser su zorra personal.
Me besa, despacio me va separando de la puerta, y en mi cabeza "Dejalo. Que él vea hasta dónde puede llegar. Que entienda que no perdió el control." Me dejo llevar, esperando el cambio de fase, que tarda menos de un minuto en llegar, entonces abre la puerta del departamento, y me empieza a empujar, yo trabo con el antebrazo derecho en el maro de la puerta (un huevito violeta indica exactamente qué parte de mi antebrazo, aunque en el momento ni me enteré), con el izquierdo en la puerta y le pido que pare. "Si gritás van a salir todos los vecinos y te van a ver en bolas" me susurra al oído. Entonces dejo de gritar. Casi en seguida me suelta. Cierro la puerta y me pongo el jean, mientras lo puteo. Él finge que no le importa, no dejo que me bese, y no sé cómo terminamos a los pies de la cama, con él agarrándome de los pelos y acercándome la cara mientras yo le digo
-Te pensás que voy a gritar, pelotudo? ¿Todavía no te enteraste que puedo separar bien el dolor físico de mi? Tengo experiencia
-Si, ya sé, pero ¿Eso es lo que querés?- Definitivamente no. Con él soy una unidad entera. Me quejo, y me suelta. Entonces nos besamos, y él me da vuelta y me coje contra el mueble, parados, mientras me agarra de la cadera. Empiezo a sentir el orgasmo subiendo, estoy a punto de acabar, y él me dice, resignado:
-Me vengo!
-Venite, hijo de puta, venite
Y zas! acabamos juntos. Nos separamos y nos miramos, extrañados, reconociéndonos.
-Acabamos juntos- Le digo, y él sonríe. Se aleja unos pasos, hay que terminar de limpiar.
-A vos te gustó tanto como a mi todo esto?- Levanta una ceja y no dice nada -¿Te das cuenta que somos dos enfermos?-
-Si
Pero está bien, hacía mucho que no teníamos previa.