Él la miraba. Ella se sentía húmeda, expectante, intensa. La besaba, le sonreía y la volvía a besar. Ella se dejaba hacer, quería dejarlo creer que tenía el control, ya tendría tiempo de cambiar el sentido de la ecuación. Comenzó a tocarse sin sacarse la tanga, insinuando solamente lo que pasaba entre sus dedos y su sexo. Él la miraba, no le perdía rastro. Ella podía ver los hombros anchos, bien formados, los brazos musculosos, el vello espeso y negro que cubría un pecho masculino hasta el pecado. Él arrancó la tanga y entró en ella. Ella arqueó la espalda hacia atras, con un gemido de placer. Y otro. Y otro. De eso se trata el orgasmo.
-Hoy acabaste en seguida, mi amor- dijo él mientras la miraba cabalgarlo. Ella abrió los ojos y lo miró con desprecio. Odiaba que la interrumpiera así. Pero sonrió, y respondió con la voz ronca:
-Estaba inspirada.
viernes, 14 de junio de 2013
Consuelo
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)